En política, competir es natural; lo difícil es saber qué hacer cuando la competencia termina. Durante los últimos meses, Acción Nacional en Chihuahua vivió un proceso en el que distintos perfiles levantaron la mano, construyeron equipos, recorrieron el estado y plantearon sus propias aspiraciones rumbo al 2027.
Y eso, en mi punto de vista, no es motivo de preocupación. Un partido vivo debe tener debate, diferencias y visiones distintas. Lo que verdaderamente importa llega después.
Con el refrendo de Marco Bonilla como coordinador político del PAN en Chihuahua, comienza una etapa diferente: demostrar que esa competencia puede convertirse realmente en unidad. Y aquí es donde nos detenemos a ver lo que ocurrió en el Consejo Estatal del PAN, del pasado sábado.
La propia gobernadora Maru Campos hizo una reflexión que me parece muy importante, habló del tiempo que había pasado desde la última vez que había visto un Consejo tan de acuerdo alrededor de un proyecto. Y aquí me surgen estas preguntas, ¿Es la persona?, ¿Es el proyecto?, ¿Es el momento político que vive Chihuahua?
Muy probablemente es una combinación de todo, pero también quiero pensar que hay algo más: las ganas de hacer las cosas bien y de conducir a Chihuahua y a México hacia un mejor camino.
Porque cerrar filas alrededor de una persona puede ocurrir en un fin de semana, construir un proyecto común requiere mucho más. Requiere generosidad de quienes aspiraron, apertura de quien encabeza, disciplina de los equipos y, lo más importante, la capacidad de escuchar también a quienes no forman parte del partido.
Para mí, uno de los mejores ejemplos de esto lo dio Jesús Valenciano.
Durante este proceso también fue mencionado como uno de los perfiles con posibilidades de encabezar el proyecto hacia 2027. Sin embargo, en su intervención dejó claro algo que, en política, se debe reconocer que los proyectos comunes deben estar siempre por encima de los personales.
Entender que quizá esta no era su oportunidad para encabezar no significó abandonar el proyecto. Al contrario, Valenciano dejó claro que tanto él como su equipo se suman de lleno al proyecto que hoy encabeza Marco Bonilla y al trabajo del PAN rumbo a 2027.
Y eso, más allá de simpatías personales, es justamente lo que significa construir unidad, porque no se trata de que las aspiraciones desaparezcan. Las aspiraciones no tienen que desaparecer; tienen que saber ponerse en el lugar correcto; una aspiración personal puede esperar, un proyecto común necesita construirse todos los días.
Y hay algo más que debemos tener claro: en Chihuahua, Acción Nacional no está construyendo una oposición al gobierno estatal, si no un proyecto de continuidad, y esa diferencia es clave. Continuar no significa hacer lo mismo; significa defender lo que ha funcionado, corregir lo que haga falta y tener la visión para construir la siguiente etapa.
Porque mientras Chihuahua construye su propio camino, México vive una realidad política distinta. Y en 2027, los chihuahuenses no solamente tendrán que elegir entre nombres o partidos; también estarán decidiendo qué rumbo quieren para su estado. No se trata de vivir al margen de lo que pasa en el resto del país, si no de preguntarnos qué no estamos dispuestos a perder.
México necesita oposiciones fuertes, pero sobre todo oposiciones capaces de construir. No basta con señalar lo que otros hacen mal, hay que construir una alternativa y para eso hacen falta ideas, propuestas y un proyecto que los ciudadanos quieran respaldar.
Ese es también el reto de cualquier fuerza política: no vivir solamente de lo que el otro hace mal, sino tener la capacidad de explicar qué quiere hacer diferente, cómo piensa hacerlo y por qué los ciudadanos deberían confiar en ese proyecto.
Y ahí está el verdadero reto de esta unidad, que la competencia interna no termine simplemente con un acuerdo, sino que se convierta en una fuerza común. Que los distintos equipos sean capaces de sumar sus capacidades, sus ideas y sus liderazgos a un mismo proyecto.
Finalmente, los partidos tienen nombres, estructuras y colores, pero el estado tiene ciudadanos. Y serán ellos quienes decidan si el camino que Chihuahua ha tomado merece continuar.
Por eso, la pregunta no es solamente quién encabeza el proyecto, sino qué vamos a hacer juntos para que Chihuahua siga avanzando sin perder aquello que lo hace diferente.
Esa es la oportunidad que hoy tiene Acción Nacional: demostrar que las aspiraciones personales pueden hacerse a un lado sin desaparecer, que las diferencias pueden convertirse en fortaleza y que la política todavía puede construirse alrededor de algo más grande que una candidatura.
Porque la unidad no debe construirse solamente para que un partido gane, debe construirse para que Chihuahua gane.
Y si quienes hoy integran este proyecto son capaces de entenderlo así, entonces lo que comenzó con una definición política puede terminar convirtiéndose en algo mucho más importante: un proyecto de estado.













































