Esta semana, mientras buscaba sobre qué escribir, comenté con un grupo de jóvenes algunas de las conmemoraciones que coincidían con la publicación de esta columna. Les pregunté cuál les parecía más interesante: el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria o el Día Mundial de la Fotografía.

Las opiniones se dividieron hasta que Nat lanzó una pregunta muy sencilla: “¿Y por qué no hablar de los dos?”

La respuesta me gustó porque, pensándolo bien, tienen mucho más en común de lo que parece.

Una fotografía puede quedarse como el registro de un momento, pero también puede hacer visible una realidad que desconocíamos. Basta pensar en las imágenes que hemos visto en estos días después del terremoto en Colombia: viviendas dañadas, comunidades afectadas, personas siendo atendidas y equipos trabajando en medio de la emergencia.

Muchas veces conocemos primero una tragedia a través de una imagen; es ahí cuando una noticia deja de ser solamente una cifra.

El 19 de agosto coinciden estas dos conmemoraciones. Ese mismo día, en 1839, se dio a conocer en Francia el daguerrotipo, uno de los primeros pasos de la fotografía. Desde entonces, las imágenes no solo han guardado recuerdos; también nos han permitido conocer de cerca guerras, desastres, migraciones, rescates y muchos de los acontecimientos que han marcado nuestra historia.

La asistencia humanitaria nos lleva a otra pregunta: ¿qué pasa cuando, frente al dolor o la necesidad de otros, alguien decide actuar?

Y ahí encontré el verdadero vínculo entre los dos temas.

Vivimos rodeados de imágenes. Abrimos el teléfono y, en cuestión de minutos, podemos pasar de una emergencia a una celebración, de una petición de ayuda a una foto familiar y, segundos después, a un video que nos hace reír.

Todo sucede en la misma pantalla y casi a la misma velocidad. Tal vez el problema sea que vemos tanto que muchas cosas terminan pasándonos de largo.

Una fotografía de una emergencia no muestra solo daños: muestra a personas que perdieron su casa, a alguien que estuvo en peligro o a una familia cuya historia continúa, aunque nosotros ya hayamos pasado a la siguiente publicación.

No podemos hacernos responsables de cada situación que aparece frente a nosotros, ni resolver todos los problemas que conocemos. Eso sería imposible.

Pero tampoco deberíamos acostumbrarnos a que nada nos importe.

La solidaridad puede hacerse presente de muchas formas.Está en quienes trabajan directamente en una emergencia, pero también en quien dona sangre, participa como voluntario, apoya una causa, comparte información responsable, acompaña a una familia o simplemente decide ayudar cuando alguien lo necesita.

Quizá por eso hay fotografías que uno ve y olvida al momento, mientras otras permanecen durante años en nuestra memoria, no porque sean las mejores, sino porque lograron hacernos sentir algo.

Una fotografía puede acercarnos a historias que quizá no conocíamos y hacernos ver de otra manera lo que sucede a nuestro alrededor.

Al final, aquella conversación con el grupo de jóvenes terminó dándome la respuesta: no tenía que elegir entre un tema y otro. Los dos podían encontrarse justo ahí.

Una imagen puede hacer visible una realidad, pero lo verdaderamente importante viene después: que aquello que vemos no nos resulte indiferente.

Luly González

Mujer, ciudadana y voz pública con propósito.

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