Pasamos gran parte de nuestra vida en el trabajo. Ahí construimos proyectos, enfrentamos desafíos, celebramos logros y, muchas veces, compartimos momentos que marcan nuestra historia personal. Es en esos espacios donde convivimos diariamente con personas que, sin darnos cuenta, terminan formando parte importante de nuestra vida.
Siempre he pensado que ojalá todas las empresas, instituciones y organizaciones lograran convertirse en una gran familia. No porque deban sustituir a nuestros seres queridos, sino porque cuando existe respeto, empatía, compañerismo y reconocimiento, el ambiente laboral se transforma en un espacio donde las personas pueden crecer y sentirse valoradas.
En el trabajo vivimos de todo: alegrías, tristezas, éxitos, frustraciones, desacuerdos y reconciliaciones. Compartimos metas, preocupaciones y sueños. Y es precisamente esa convivencia cotidiana la que nos permite construir relaciones que trascienden los puestos, los organigramas y las responsabilidades.
Hoy quiero reconocer a una persona que dejó una huella especial en mi corazón. Me refiero a Nena Durán, quien después de una trayectoria de entrega y compromiso inicia una nueva etapa con su jubilación de la Facultad de Contaduría y Administración.
Tuve la fortuna de trabajar con ella y aprender de una de sus mayores cualidades: hacer que las cosas sucedieran. Nena siempre fue una mujer comprometida, proactiva y generosa con su tiempo y conocimientos. De esas personas que encuentran soluciones donde otros ven obstáculos, y que entienden que el trabajo bien hecho es también una forma de servir a los demás.
Más allá de sus logros profesionales, lo que hoy celebro es la amistad que nació a través de los años de trabajo compartido. Porque al final, cuando termina una etapa laboral, los reconocimientos, los cargos y los proyectos concluyen, pero permanecen las relaciones humanas que fuimos capaces de construir.
Estoy segura de que esta nueva etapa estará llena de satisfacciones para ella. La jubilación no significa detenerse, sino abrir la puerta a nuevas experiencias, disfrutar del tiempo con la familia, atender proyectos personales y cosechar los frutos de una vida dedicada al trabajo y al servicio.
Aprovecho esta ocasión para hacer una invitación a quienes tenemos la responsabilidad de dirigir equipos y organizaciones. No olvidemos que liderar también significa construir vínculos humanos. Significa escuchar, acompañar, reconocer y valorar a las personas que caminan con nosotros cada día.
Las metas son importantes, los resultados son necesarios, pero las huellas que dejamos en los corazones de quienes trabajan a nuestro lado son, quizá, el legado más valioso que podemos construir.
Gracias, Nena, por tu ejemplo, tu amistad y por recordarnos que el verdadero éxito profesional también se mide por las personas que tocamos positivamente en nuestro camino.



