Amigo lector en la última decada hemos escuchado la misma frase: “el PRI está muerto”. Que era un partido acabado, una fuerza política del pasado y que difícilmente volvería a competir con seriedad en el escenario nacional. Sin embargo, lo ocurrido recientemente en Coahuila nos deja una lección que vale la pena analizar.
Coahuila vino a recordarnos dos cosas, que los buenos gobiernos dejan huella y que cuando un partido da resultados, la ciudadanía termina reconociéndolo.
No es casualidad que desde el inicio de su administración, Manolo Jiménez se haya mantenido como el mejor gobernador evaluado del país. Los números y la percepción ciudadana reflejan una realidad que va más allá de los colores partidistas: seguridad, desarrollo económico, infraestructura y calidad de vida. Coahuila avanza y hoy se ha convertido en un referente nacional.
Pero lo verdaderamente interesante ocurrió el pasado domingo.
El PRI obtuvo las 16 diputaciones locales que estaban en disputa. Sí, amigo lector, las 16. Una victoria contundente que no deja espacio para interpretaciones y que refleja con claridad dónde se encuentra hoy la confianza de los ciudadanos coahuilenses.
La magnitud del triunfo llamó la atención incluso fuera de las filas priistas. El expresidente Vicente Fox publicó un mensaje en el que señaló: “Como en los viejos tiempos, da gusto verlos renacer con tanta fuerza”.
Y es que Morena llegó a la contienda convencido de que la elección estaba resuelta. Durante la campaña desfilaron figuras nacionales, entre ellas Andrés Manuel López Beltrán y Luisa María Alcalde, quienes prácticamente anticipaban una victoria. Sin embargo, las urnas contaron una historia distinta. Los ciudadanos hablaron y dejaron claro que en Coahuila las decisiones se toman con base en resultados.
La jornada electoral también dejó otro dato que merece atención, Acción Nacional, Movimiento Ciudadano y el Partido Verde no alcanzaron el porcentaje necesario para conservar su registro local. Más allá de las simpatías partidistas, el mensaje político es contundente y revela un reacomodo importante en las preferencias ciudadanas.
Ahora bien, amigo lector, la pregunta obligada es ¿qué significa esto para Chihuahua?
Porque lo ocurrido en Coahuila podría ser una señal de lo que veremos rumbo al 2027 ya que lo posiciona a nivel nacional como una mejor opción. Además el PRI sigue contando con perfiles competitivos, experiencia de gobierno y liderazgos que continúan construyendo cercanía con la ciudadanía.
Ahí está Alejandro Domínguez al frente del partido en el estado. Ahí está Tony Meléndez, quien ha refrendado la confianza ciudadana desde el Congreso. Y si volteamos a nuestra región, también encontramos figuras que poco a poco han comenzado a destacar por su trabajo.
Voltee usted a ver Rosales y escuchará el nombre de Pepe Sotelo. Voltee a ver Delicias y encontrará el trabajo de Gaby Franco. Son perfiles que han entendido algo fundamental: la política no se trata únicamente de ganar elecciones; se trata de resolver problemas, dar resultados y mantener cercanía con la gente.
Por eso le digo algo, amigo lector, quienes hoy siguen apostando a la desaparición del PRI podrían llevarse una sorpresa. La historia demuestra que ningún partido está muerto mientras conserve la capacidad de conectar con la ciudadanía, formar liderazgos y ofrecer resultados.
Y si algo nos enseñó Coahuila este domingo, es que la política siempre está llena de sorpresas.
De mí se va a acordar en el 2027, eso téngalo seguro.

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