Hay gente que no persigue sus sueños por miedo al fracaso, nuestra generación a veces ni siquiera empieza por miedo a dar cringe.

En internet existe una obsesión extraña por verse cool todo el tiempo. Hablar sin demasiado entusiasmo, actuar desapegados, fingir que nada nos importa. Como si emocionarse mucho por algo automáticamente nos volviera ridículos. Como si demostrar interés, pasión o sensibilidad fuera motivo suficiente para recibir una mirada incómoda o un comentario burlón.

Poco a poco, el miedo al “cringe” dejó de ser solo una broma de redes sociales y empezó a convertirse en una forma de limitarnos. Hay jóvenes que ya no publican lo que les gusta, que borran videos antes de subirlos o abandonan proyectos antes siquiera de intentarlo. No porque no tengan talento, sino porque existe un miedo constante a la vergüenza pública. A convertirse en meme. A parecer “intensos”.

Internet convirtió la vergüenza en espectáculo. Todo puede ser grabado, compartido, reaccionado o ridiculizado en cuestión de minutos. Y aunque las redes sociales prometían ser espacios para expresarnos, muchas veces terminan funcionando como escenarios donde sentimos que estamos siendo evaluados todo el tiempo. Cada palabra, cada foto y cada emoción parece pasar por el filtro invisible de “¿esto dará pena ajena?”.

Por eso tantos jóvenes aprendieron a esconderse detrás de la ironía. Decir todo “de broma”, incluso cuando es verdad. Fingir desinterés para protegerse. Reírse primero de uno mismo antes de que alguien más lo haga. Porque hoy parecer demasiado emocionado, enamorado, creativo o apasionado puede sentirse más peligroso que quedarse callado. Y quizá ahí está el problema: estamos creciendo en una cultura donde muchas personas prefieren no intentar nada antes que arriesgarse a verse ridículas. Se volvió más aceptable aparentar indiferencia que demostrar autenticidad.

Pero casi todas las personas que admiramos tuvieron que pasar por esa etapa incómoda de verse “raras”. Cualquier artista, creador o persona auténtica alguna vez fue considerada exagerada, intensa o diferente. La autenticidad rara vez se ve cool al principio. Tal vez el verdadero problema no es dar cringe. Tal vez el problema es vivir tan preocupados por cómo nos perciben los demás que terminamos censurando las partes más reales de nosotros mismos.

Porque quizá el verdadero reto no es evitar el cringe, sino atrevernos a existir sin tanto filtro.

 

Autor

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here