Este 30 de junio coinciden el Día Mundial de las Redes Sociales y el Día Internacional del Parlamentarismo. Aunque se refieren a espacios distintos, ambas fechas nos llevan a revisar cómo expresamos nuestras ideas, escuchamos a los demás y participamos en los asuntos públicos.

Las redes sociales forman parte de nuestra vida. A través de ellas conocemos noticias, compartimos opiniones, promovemos causas y señalamos problemas que requieren atención.

También han permitido que más personas puedan expresarse. Una denuncia ciudadana puede llegar a miles de usuarios; una necesidad de la comunidad puede recibir apoyo, y un tema que antes pasaba desapercibido puede entrar en la conversación pública.

La rapidez con la que circulan los mensajes puede llevarnos a compartir información sin revisar su origen o a responder sin conocer todos los hechos. Una publicación despierta enojo o rechazo y, en cuestión de minutos, aparecen opiniones que no siempre consideran el contexto completo.

En ocasiones terminamos leyendo únicamente a quienes piensan de manera similar. Las plataformas suelen mostrarnos contenido relacionado con nuestros gustos, de modo que podemos creer que nuestra opinión es compartida por la mayoría o que quienes piensan distinto están equivocados.

Cuando eso ocurre, la conversación pierde apertura. Una diferencia termina en descalificaciones; una crítica se convierte en ataque personal y un asunto que debería analizarse con calma queda reducido a dos bandos que ya no están dispuestos a escucharse.

Que ambas fechas coincidan no es un dato menor. Las redes sociales han ampliado la conversación pública; los parlamentos, por su parte, representan distintas voces, permiten debatir ideas y buscan acuerdos, incluso cuando existen diferencias importantes.

Esa forma de dialogar también hace falta en las redes sociales. Expresar una opinión es válido, pero escuchar y respetar otros puntos de vista también forma parte de una sociedad democrática. No se trata de renunciar a nuestras ideas, sino de conversar sin convertir cada desacuerdo en una confrontación.

La democracia no ocurre solamente durante una elección ni se limita a los recintos legislativos. También se ejerce cuando la ciudadanía pregunta, propone, exige cuentas, participa y da seguimiento a los asuntos que afectan a su localidad, su ciudad o su país.

Las redes pueden ser un buen punto de partida, pero no deberían ser el punto final. Dar un “me gusta”, compartir una publicación o escribir un comentario puede llamar la atención sobre un problema. Sin embargo, encontrar una solución requiere información, diálogo, propuestas y participación.

Muchas situaciones relacionadas con servicios públicos, movilidad, seguridad, obras o crecimiento urbano se comentan primero en grupos y plataformas digitales. Esos comentarios pueden ser más útiles cuando se acompañan de datos, solicitudes claras y disposición para colaborar.

También debemos reconocer el efecto que las redes pueden tener en nuestro ánimo. La comparación constante, la necesidad de aprobación y la exposición a comentarios negativos pueden generar presión, inseguridad o cansancio.

Lo que vemos en una pantalla no muestra la vida completa de una persona. Son imágenes seleccionadas, momentos elegidos y opiniones presentadas como certezas. Si no mantenemos una mirada crítica, podemos terminar comparando nuestra vida con una versión incompleta de la vida de los demás.

Usar las redes con responsabilidad implica revisar antes de compartir, pensar antes de responder y reconocer cuándo una conversación dejó de aportar. También significa cuidar el tiempo que permanecemos conectados y no permitir que una reacción o el número de seguidores determine nuestro valor.

Las redes sociales pueden acercarnos, informarnos y abrir espacios de participación. El Día Internacional del Parlamentarismo nos recuerda el valor de escuchar distintas voces, discutir con argumentos y buscar acuerdos.

Opinar es importante, pero participar implica dar un paso más. La democracia puede comenzar en una pantalla, pero no debe terminar ahí.

Luly González

Mujer, ciudadana y voz pública con propósito.

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