Este fin de semana tuve la oportunidad de vivir una experiencia de esas que nos recuerdan la grandeza de Chihuahua. Estuve de paseo y como anfitrión en una competencia en la Sierra Tarahumara, en ese impresionante rincón conocido como el Parque Nacional Cascada de Basaseachi.

Basaseachi es mucho más que una cascada. Es un paisaje lleno de vida, de sonidos, de energía y de una belleza natural que difícilmente puede explicarse con palabras. Sin embargo, también es un lugar que duele observar en ciertas condiciones: el abandono y la falta de infraestructura limitan enormemente el potencial turístico de esta zona.

Y quiero dejar algo claro: esto no es hablar mal de Basaseachi, todo lo contrario. Hay mucho que reconocer. Los precios son accesibles, la comida lugareña es deliciosa, las cabañas, aunque algunas ya muestran el paso de los años, cumplen con lo necesario para quienes buscamos descansar y estar en contacto con la naturaleza.

El problema está en lo que no se ha atendido.

Las carreteras presentan un evidente deterioro, las calles principales tienen tramos con el asfalto en malas condiciones, existe poca iluminación y, en general, hace falta una mayor inversión para que este lugar pueda recibir al turismo que realmente merece.

Pero hubo algo que me dejó todavía más pensando.

Durante la actividad “Kilo por Kilómetro”, tuve la oportunidad de convivir y ser anfitrión junto al equipo de Ultra Trail Team, a quienes agradezco profundamente la invitación. Ahí pude ver de cerca una realidad que muchas veces ignoramos: las necesidades de nuestros hermanos rarámuri.

Y aquí creo que nos hace falta algo que no se compra con dinero: humanidad.

Debemos apoyar de manera auténtica y unánime a nuestras comunidades indígenas. No solamente cuando necesitamos una fotografía, cuando queremos presumir sus tradiciones o cuando su vestimenta forma parte de una campaña turística.

Debemos respetarlos, escucharlos y apoyar su desarrollo.

No podemos convertir su cultura, sus tradiciones y su lugar de origen solamente en un atractivo para el visitante. Detrás de cada rostro rarámuri hay una historia, una familia, una comunidad y una enorme riqueza cultural que merece dignidad y oportunidades.

A las autoridades les pediría algo muy sencillo: más apoyo real para estos lugares.

Chihuahua tiene todo para convertirse en un referente turístico nacional e internacional. Tenemos montañas, desiertos, bosques, cascadas, gastronomía, cultura, historia y, sobre todo, tenemos gente que hace grande a nuestro estado.

Basaseachi no necesita que le inventemos belleza. La belleza ya está ahí.

Lo que necesita es atención, inversión, caminos dignos, infraestructura, iluminación, promoción responsable y, sobre todo, voluntad para que esta maravilla natural pueda convertirse en el destino turístico que tiene todo el potencial de ser.

Me quedo con el paisaje, con la experiencia, con la convivencia y con una reflexión:

No basta con presumir las maravillas de Chihuahua. También tenemos que cuidarlas, invertir en ellas y cuidar a quienes las habitan.

Porque un Chihuahua grande no solamente se mide por sus paisajes.

Se mide por la manera en que tratamos a su gente.

Antonio Kuzy Armendáriz
La Columna | Del Norte

Iniciamos semana intensa

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