La infancia entre amigos, las enseñanzas de sus padres y una hospitalización por COVID forman parte de la historia personal de Esteban Grajeola, quien comparte los recuerdos que explican su manera de entender el trabajo, la familia y su relación con Delicias.

Entre los recuerdos más importantes de Esteban Grajeola está la voz de su madre. Cuenta que comenzó a escucharla mientras despertaba después de varios días sedado, durante una hospitalización por COVID en 2021. Al abrir los ojos y verla, lloró. Todavía tenía un tubo que le impedía hablar, pero entendió que había superado una de las etapas más difíciles de su vida.

“Ay, Dios mío, la libré”, recuerda haber pensado.

Había pasado 26 días hospitalizado, seis de ellos intubado, según relata. Salió del hospital en silla de ruedas y con oxígeno. Necesitó rehabilitación para recuperar fuerza y mejorar su capacidad para respirar. Esa experiencia ocupa un lugar central cuando habla de lo que ha aprendido y de lo que hoy valora.

“El valorar cada día que uno se despierta es una gran oportunidad para ser mejor persona”, expresa.

Para conocer a Esteban también hay que volver a sus años de niño, a las calles donde jugaba hasta que salían las mamás a llamar a sus hijos y a una casa en la que sus padres le enseñaron a leer, trabajar y buscar mejores oportunidades.


Nació el 12 de septiembre de 1986 en la ciudad de Chihuahua, aunque identifica a Delicias como el lugar donde ha transcurrido su vida. Su primera referencia del barrio es sencilla: creció a dos cuadras de Soriana Híper. Ahí se reunía con amigos y familiares para jugar futbol y basquetbol; una canasta instalada afuera de una casa bastaba para organizar las tardes.

A los seis o siete años, calcula, ingresó a la escuela de futbol del químico de la Rosa. Jugó alrededor de seis años con el equipo Coca-Cola Azul, primero como lateral derecho y después como extremo izquierdo. Al recordar esa época aparecen nombres, posiciones y detalles que permanecen en su memoria: el amigo delantero, el defensa al que describe como “un hacha” y su primo Gonzo, portero con uniforme de Jorge Campos.

Más adelante, su familia se mudó cerca de la Secundaria 52, donde todavía vive su madre. Cambió el domicilio, pero continuaron los juegos con los vecinos: futbol, la traí, cárcel libre y reuniones que podían prolongarse hasta las diez u once de la noche.

También practicó futbol americano y formó parte de la selección de atletismo del Colegio México. Recuerda con humor que su complexión delgada le ayudaba a correr, aunque lo ponía en dificultades cuando lo alcanzaban en el futbol americano. El deporte atravesó su infancia y sigue apareciendo en sus recuerdos del trabajo en las colonias.

La separación de sus padres también forma parte de su historia personal. En ese periodo, ser patineto y convivir con sus amigos le sirvió como una forma de terapia para afrontar el cambio en su familia. La patineta y las amistades fueron parte importante de esa etapa de su vida.

En casa había otra actividad que sus padres procuraron acercarle: la lectura. Le compraron enciclopedias y leía biografías. De su padre conserva el interés por las ventas y los consejos de una persona a la que describe como un lector constante. De su madre destaca, una y otra vez, la enseñanza del esfuerzo.

Con los años, Esteban aprendió a mirar de otra manera el esfuerzo de sus padres. Comprendió mejor lo que dejaban de hacer o de comprar para ofrecerles a sus hijos una buena educación y mejores condiciones de vida. Por eso, cuando habla de su familia, vuelve al agradecimiento y a las enseñanzas que hoy procura llevar a su trabajo.

Su familia continúa acompañándolo. Su hermana, que vive en Chihuahua, le comparte opiniones y recomendaciones; la describe como más extrovertida y rápida para tomar decisiones. Su padre lo ayuda a analizar situaciones, mientras que su madre sigue siendo una referencia cuando habla del valor del trabajo.

La política no figuraba entre sus primeros planes. Lo que imaginaba era tener una empresa. Ver a su padre involucrado en las ventas despertó ese interés y lo llevó a estudiar Administración de Empresas. Comenzó su formación en Chihuahua y concluyó la licenciatura en Delicias; después también estudió Derecho.

Uno de los empleos que más recuerda fue en una tienda donde atendía el área de uniformes escolares. Buscar tallas, entregar prendas y responder a los clientes le permitió entender cuánto tiempo y esfuerzo había detrás de un ingreso. Posteriormente pasó al departamento de perfumería, un ambiente que disfrutaba y en el que, según cuenta, tenía facilidad para vender.

Trabajó ahí durante unos seis meses, incluida la temporada navideña. Parte de lo que ganó le sirvió para cubrir gastos cuando regresó a estudiar a Chihuahua. Ese periodo permanece en su memoria como una de sus primeras lecciones sobre el dinero y la independencia.

Su acercamiento al PAN comenzó en 2005, de la mano de su amigo Nacho Medina, quien lo invitaba a los eventos. Primero asistía por la convivencia; después comenzó a interesarse en las actividades y a perder el miedo de hablar en público. Describe su participación inicial con tareas concretas: cargar sillas, mover mesas y bocinas, repartir volantes, colocar pendones y tocar puertas.

Ese recorrido de más de dos décadas da contexto a su presencia en la vida pública de Delicias. Esteban ha trabajado en las colonias, ha participado en actividades comunitarias y ha escuchado a los vecinos desde distintas responsabilidades. Conoce sus calles, su entorno y las necesidades que las familias le han planteado durante años de recorridos y atención ciudadana. Menciona al Ejido 10, la PRI, Independencia, Las Moras y otras comunidades entre los lugares donde comenzó a involucrarse. Su experiencia se ha construido tocando puertas, visitando hogares y trabajando de cerca con la gente.

De esos recorridos conserva una escena de 2015 en Laderas del Norte. Durante una visita a una familia, observó que un niño de unos ocho o nueve años estaba en casa en horario escolar. Preguntó por qué no había ido a clases, cuando la escuela quedaba a menos de dos cuadras.

La madre le explicó que no tenía zapatos en buenas condiciones y que le daba vergüenza asistir por temor a las burlas de sus compañeros. Esteban cuenta que apoyó para que pudieran comprarle calzado. Lo que más recuerda es haber descubierto que una necesidad tan concreta podía mantener a un niño fuera del salón de clases.

Asegura que esa experiencia reforzó su interés por ayudar a que los menores tuvieran herramientas para continuar estudiando. También explica por qué, al hablar del servicio público, vuelve a las visitas a las casas y a las conversaciones con los vecinos.

La hospitalización de 2021 lo obligó a vivir otra clase de dependencia. Su madre y su hermana le consiguieron un pizarrón para comunicarse mientras tenía dificultades para hablar. Había perdido masa muscular y escribir también le costaba trabajo.

De aquellos días conserva una anécdota que cuenta con humor. Antes de ser sedado, tomó su celular para pagar sus tarjetas de crédito. Cuando le preguntaron qué hacía, respondió que estaba convencido de que iba a sobrevivir y no quería regresar con intereses elevados. Recuerda que su respuesta hizo reír a quienes lo atendían.

Después vinieron la rehabilitación y el regreso paulatino a sus actividades. Relata que, tras asumir la Dirección de Atención Ciudadana, volvió a visitar las colonias y a jugar futbol con jóvenes. Vincula esa recuperación con su fe, con la atención que recibió y con el acompañamiento de su familia.


Al revisar su trayectoria también reconoce errores. Admite que durante sus primeros años en la política llegó a tomar decisiones desde la emoción y pudo ofender a otras personas. Expresa una disculpa y señala que busca actuar con mayor reflexión. Entre quienes influyeron en ese aprendizaje menciona a Jesús Valenciano, a quien considera uno de sus mentores.

“Uno no tiene la verdad absoluta”, afirma al explicar por qué considera necesario escuchar opiniones distintas a la propia.

Fuera del trabajo, sus gustos son cotidianos: ir al cine, ver películas y seguir series. Cuando dispone de tiempo libre, disfruta esos espacios de tranquilidad. En 2024, cuenta, llegó a considerar retirarse de la política para concentrarse en sus negocios y en asuntos personales; finalmente decidió continuar.

Cuando habla del futuro de Delicias, vuelve a imágenes cercanas a su propia infancia: plazas cuidadas, niños que puedan salir a jugar y familias con oportunidades para salir adelante. Quiere que la ciudad donde seguirá viviendo tenga mejores condiciones para quienes la habitan.

“Venimos desde abajo”, dice al referirse a sus raíces. En su relato, esa frase reúne a los padres que procuraron darle una educación, al joven que ahorraba para estudiar y al hombre que necesitó recuperar la fuerza para caminar después de una enfermedad. Son los recuerdos con los que Esteban Grajeola explica quién es y qué desea conservar mientras continúa su vida pública.

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