Hay momentos en la vida que no representan un punto final, sino el comienzo de una nueva historia. Hoy, al asumir la responsabilidad de presidir el Club de Leones Delicias Huellas de Amor para un nuevo periodo, siento precisamente eso: que se abre un capítulo lleno de oportunidades para servir, crecer y dejar una huella positiva en nuestra comunidad.

No llego sola. Llego acompañada de mujeres y hombres que creen que el verdadero liderazgo se demuestra con acciones, no con palabras; personas que entienden que servir no es una obligación, sino un privilegio. Cada uno de ellos ha decidido regalar su tiempo, su talento y su corazón para transformar la vida de quienes más lo necesitan.

Cada año representa una página en blanco. Podemos llenarla de proyectos que nunca se concreten o podemos escribir una historia de compromiso, solidaridad y esperanza. Yo elijo la segunda opción.

Nuestro club lleva un nombre que nos recuerda diariamente nuestra misión: Huellas de Amor. Las huellas permanecen cuando las personas ya no están presentes; son el recuerdo de una mano extendida, de un abrazo oportuno, de una beca entregada, de unos lentes que devolvieron la visión, de un plato de comida compartido o de una palabra de aliento cuando alguien más la necesitaba.

Durante este nuevo ciclo fortaleceremos los programas tradicionales que distinguen al leonismo, pero también impulsaremos proyectos innovadores que respondan a las necesidades actuales de nuestra comunidad. Trabajaremos para promover el cuidado del agua formando Embajadores del Agua en las escuelas, fomentaremos la educación ambiental, apoyaremos acciones de salud para dignificar a las personas en situación vulnerable y seguiremos construyendo alianzas con instituciones, empresas y ciudadanos convencidos de que unidos podemos lograr mucho más.

Estoy convencida de que el servicio también educa. Cuando un niño observa a un adulto ayudar sin esperar nada a cambio, aprende el valor de la solidaridad. Cuando un joven participa como voluntario, descubre que puede convertirse en un agente de cambio. Cuando una comunidad trabaja unida, demuestra que los grandes desafíos se enfrentan mejor en equipo.

Ser presidenta no significa ocupar el primer lugar; significa ser la primera en servir, la primera en escuchar y la primera en asumir la responsabilidad cuando las circunstancias lo exijan. Ese será mi compromiso durante este año leonístico.

Quiero invitar a quienes leen estas líneas a convertirse también en protagonistas de este nuevo capítulo. No es necesario portar un chaleco o un distintivo para cambiar una vida; basta con decidir hacer el bien cada día, desde el lugar en el que cada uno se encuentre.

Hoy comenzamos una nueva historia. Una historia que no escribiré sola, sino junto a un extraordinario equipo de socios, voluntarios y ciudadanos comprometidos. Una historia donde cada proyecto será una página, cada servicio un párrafo y cada persona beneficiada una razón para seguir adelante.

Porque al final de este año no queremos contar únicamente actividades realizadas; queremos contar vidas tocadas, sonrisas recuperadas y esperanzas renovadas.

Que este nuevo capítulo esté lleno de trabajo, unidad y amor por servir. Que nuestras acciones hablen más fuerte que nuestras palabras y que, cuando alguien recuerde este periodo, pueda decir con certeza que el Club de Leones Delicias Huellas de Amor dejó, una vez más, una huella imborrable en el corazón de nuestra comunidad.

Porque las mejores historias no se escriben con tinta… se escriben sirviendo a los demás.

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