Las movilizaciones políticas normalmente buscan algo más que reunir personas, buscan transmitir fuerza y conexión con la ciudadanía. Por eso, cuando una convocatoria no logra generar el impacto esperado, el mensaje termina siendo distinto al que originalmente se pretendía enviar.

La marcha organizada por Morena en Chihuahua para exigir juicio político contra la gobernadora Maru Campos y  “defensa de la soberanía” dejó precisamente esa sensación. Más que mostrar una imagen de fortaleza política, abrió una conversación sobre la verdadera capacidad de conexión que hoy tiene ese discurso en nuestro estado. Y cuando hablamos de política, la percepción importa y mucho.

Las declaraciones posteriores que intentaron presentar la movilización como “la más grande de la historia” contrastaron inevitablemente con las imágenes difundidas en los diferentes medios de comunicación, la lectura pública del evento y el ambiente general que terminó dejando la jornada. Porque en política los discursos pueden intentar mostrarnos una realidad, pero rara vez se mantiene cuando la percepción ciudadana va hacia otro lado.

Podemos decir que lo más importante no fue el número de asistentes, sino el momento elegido y el tipo de mensaje que se intentó dar. Resultó inevitable que el discurso sobre soberanía fuera leído desde el contexto nacional actual. Sobre todo cuando, al mismo tiempo, existen casos y señalamientos que han colocado a figuras cercanas al oficialismo bajo presión internacional y frente a autoridades estadounidenses. Eso abrió una pregunta,  ¿la defensa de la soberanía aplica con la misma firmeza en todos los casos o depende del tema y la figura política?

Chihuahua históricamente ha sido un estado más práctico que ideológico, aquí la ciudadanía pone más atención a los resultados concretos que a las consignas políticas. Las preocupaciones diarias son por la seguridad, la economía familiar, el agua, el campo, el empleo y la estabilidad. Y cuando una movilización está desconectada de las prioridades del estado, es natural que encuentre límites en su capacidad de convocatoria.

Eso no significa que Morena no tenga presencia en Chihuahua, porque la tiene,  sería un error negarlo, pero también queda claro que el respaldo territorial y ciudadano no precisamente tiene la dimensión que algunos discursos intentan proyectar, y ahí estuvo la principal lección del evento.

En ocasiones, los partidos políticos corren el riesgo de escuchar demasiado a sus propias estructuras y muy poco a la ciudadanía. Confunden presencia digital o militancia movilizada con respaldo ciudadano; La marcha terminó funcionando más como termómetro político que como demostración de fuerza.

Pero tampoco me parecería correcto leer esto solo como una victoria para la oposición, la poca conexión ciudadana con este tipo de ejercicios también refleja un cansancio social cada vez más evidente frente a la confrontación permanente y los discursos polarizantes, vengan del partido que vengan. Porque Chihuahua puede ser crítico, exigente y políticamente diverso, pero rara vez responde bien cuando siente que intentan imponerle emociones políticas prefabricadas.

Este es un estado acostumbrado a resistir, a trabajar y a salir adelante incluso en las condiciones más difíciles, un estado que históricamente no ha esperado que nadie venga a resolverle el destino. Desde los tiempos de la Revolución, Chihuahua ha sido tierra de carácter, de gente que enfrenta la adversidad con trabajo, organización y determinación. Aquí se ha aprendido a convertir la escasez en oportunidad y el desierto en productividad.

Por eso pienso que la lección de esta marcha va más allá de una convocatoria,  Chihuahua no es de entregarse fácilmente a los discursos construidos desde el centro del país, que buscan imponerse desde la confrontación; los chihuahuenses escuchamos, observamos y tomamos decisiones basadas en un criterio propio.

Y es ahí donde está la verdadera fortaleza de nuestro estado: en una sociedad que puede pensar por sí misma, cuestionar el poder venga de donde venga y entender que las convicciones reales no se decretan desde una tribuna.

 

 

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