La confianza en una elección empieza mucho antes de que se abra una casilla, ypodemos empezar haciéndonos una pregunta importante ¿confiamos en quien cuenta los votos?

La renuncia de Guadalupe Taddei a la presidencia del INE vuelve inevitable hablar del tema: ¿qué pasó con la autonomía de una de las instituciones más importantes de nuestra democracia y qué podemos esperar de quien llegue a sustituirla?

Desde su llegada al cargo, en 2023, Taddei enfrentó cuestionamientos por su cercanía con el proyecto político de Morena. Sus posturas y su relación con el gobierno alimentaron dudas sobre la independencia que debía representar.

Tener afinidad ideológica no necesariamente demuestra, por sí sola, falta de imparcialidad; Pero cuando se preside el árbitro electoral, la independencia no basta con declararla, hay que demostrarla con decisiones que estén por encima de cualquier interés partidista.

Ahora, su renuncia, en medio de señalamientos sobre presuntas irregularidades en contrataciones y posibles conflictos de interés, abre un nuevo capítulo. Las investigaciones deberán determinar si existen responsabilidades; Las acusaciones no son sentencias, pero tampoco deben quedar sin aclaración.

Asi es como me hago otra pregunta, ¿quien viene detrás de Taddei?, ¿Llegará una persona que genere confianza por su trayectoria, preparación e independencia, o volveremos a ver cómo los intereses políticos pesan más que la autonomía de las instituciones?

No podemos dar por hecho que el próximo titular será una extensión del gobierno, pero tampoco podemos creer que cambiar un nombre resolverá automáticamente la desconfianza.

El procedimiento de selección debe ser transparente y el perfil elegido debe demostrar que puede tomar decisiones difíciles, incluso cuando afecten al partido en el poder.

Y el momento no podría ser más importante, México se encamina hacia las elecciones de 2027, y el INE necesita llegar a ese proceso con reglas claras, capacidad operativa y credibilidad.

La imparcialidad no es complacer a todos los partidos,  si no aplicar las mismas reglas, fiscalizar sin preferencias y garantizar que cada voto tenga el mismo valor.

Por eso, esta no debería ser una discusión entre quienes celebran la salida de Taddei y quienes la defienden, lo importante es si aprovecharemos este relevo para fortalecer la autonomía electoral o si simplemente cambiaremos una figura por otra sin corregir aquello que generó desconfianza, a como veo las cosas, muy probablemente será la segunda opción.

La democracia necesita instituciones capaces de poner límites al poder, incluso cuando ese poder tiene una amplia mayoría política.

Tengamos en cuenta que no se trata solo de quién se va del INE, sino si quien llegue tendrá la independencia para decirle que no al poder cuando la democracia lo exija.

En 2027 no bastará con organizar elecciones, necesitamos tener la certeza de que se organizaron con imparcialidad.

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