Durante años hemos visto a la familia de una sola forma, padre, madre e hijos. Un modelo claro, ordenado y repetido durante generaciones; pero basta ver nuestro alrededor para darse cuenta de algo evidente: esa definición ya no alcanza para explicar la realidad.

Hace unos días, una frase que se dijo en una sesión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación volvió a poner el tema en el centro de la conversación. Durante un debate, la ministra María Estela Ríos González mencionó a las personas nacidas mediante fertilización in vitro mientras hablaba de la idea de familia.

El fragmento del video circuló rápidamente en redes sociales. Hubo críticas, interpretaciones y aclaraciones; Como suele pasar, la discusión se concentró en unos segundos de discurso. La propia ministra explicó después que su comentario no pretendía cuestionar a quienes nacen mediante reproducción asistida. Aún asi, es claro que fue un ejemplo que no debió utilizarse.

Hay miles de familias que han recurrido a ese método después de años intentando tener hijos; Detrás de esa decisión suele haber tratamientos médicos, incertidumbre, esperanza y muchas conversaciones difíciles. Para quienes han recorrido ese camino, escuchar ese tipo de comparaciones puede resultar ofensivo.

Las palabras importan, sobre todo cuando se dicen desde espacios como la Suprema Corte de Justicia de la Nación; No porque cambien la realidad de esas familias, sino porque reflejan lo mucho que todavía nos cuesta hablar de las distintas formas en que hoy se construye una familia.

Cuando una discusión así ocurre en un espacio como la Corte, no se trata sólo de un comentario desafortunado; también revela lo lejos que todavía están algunas instituciones de la realidad que viven muchas familias.

Y es ahí donde aparece la pregunta importante. ¿Qué es, hoy, una familia?

La realidad de miles de hogares ya no responde a una sola fórmula; hay parejas que pasan años intentando tener hijos y recurren a tratamientos de fertilidad, hay madres y padres que crían solos, hay familias que nacen a partir de una adopción y también hay hogares donde conviven hijos biológicos, hijastros y hermanos que llegaron en distintos momentos.

La ciencia también cambió el inicio de muchas historias familiares; La fertilización in vitro ha permitido que muchas personas puedan convertirse en madres y padres cuando de otra manera no habría sido posible; detrás de esos tratamientos hay historias que casi nunca se cuentan.

Hay consultas médicas que se repiten durante meses, resultados que llegan con esperanza y a veces con frustración. Pláticas incómodas cuando alguien pregunta en una reunión familiar: “¿y los hijos para cuándo?”

Y en medio de todo eso, también hay personas que siguen intentando formar la familia que desean.

Aun así, el debate público comunmente se queda atrapado en una idea cuadrada de familia, como si la vida real todavía siguiera un solo guion. Tal vez el problema es que seguimos buscando una definición única para algo que siempre ha tenido muchas formas.

Porque, si se observa con honestidad, las familias nunca han sido idénticas entre sí; Lo que ha cambiado es que ahora esa diversidad es más visible. Un hijo que llega mediante reproducción asistida no se queda en un laboratorio, llega a una casa, a una historia que lo esperaba, a personas que lo recibirán como parte de su vida; lo mismo ocurre con un hijo adoptado, con un niño criado por sus abuelos o con una madre que decidió salir adelante sola, la familia no se forma únicamente en el momento del nacimiento, se construye con el paso del tiempo;  En las madrugadas sin dormir, en las tareas escolares, en las conversaciones de la mesa, en los desacuerdos y en las reconciliaciones.

Por eso quizá la discusión importante no es cómo comenzó la vida de alguien; la pregunta más importante es otra: qué convierte a un grupo de personas en una familia.

Las leyes pueden intentar definirla, las instituciones pueden discutirla, las redes sociales pueden debatirla durante unos días, pero la familia se construye en otro lugar, en la vida diaria. Y si algo muestra la realidad actual es que la familia cambió hace tiempo, lo que todavía no termina de cambiar.

Es la forma en que seguimos discutiéndola.

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