Durante años se ha repetido que las juventudes son indiferentes a los problemas de su comunidad. Sin embargo, basta observar quiénes lideran proyectos ambientales, participan en voluntariados, impulsan iniciativas sociales o alzan la voz sobre temas que les preocupan para cuestionar esa idea.

Al mismo tiempo, esta generación enfrenta una pregunta compleja: ¿cómo elegir una carrera para el futuro cuando el futuro parece cambiar cada año? Nuevas tecnologías, profesiones emergentes y desafíos globales obligan a pensar más allá de una profesión específica. Quizá la pregunta ya no sea “¿qué quiero estudiar?”, sino “¿qué problemas quiero ayudar a resolver?”.
En medio de todo esto, las redes sociales han ampliado nuestras posibilidades de conexión. Pero también vale la pena preguntarnos si estamos construyendo comunidades capaces de generar cambios reales o si, en ocasiones, nos conformamos con construir audiencias que observan sin involucrarse.
Las juventudes no son ajenas a lo que ocurre a su alrededor. Por el contrario, muchas están buscando formas de participar, aprender y aportar en un contexto cada vez más complejo. Tal vez el reto no sea convencer a las y los jóvenes de interesarse por su comunidad, sino brindarles espacios para que ese interés se convierta en acción. Porque el futuro no se construye únicamente desde una carrera profesional o desde una pantalla, también se construye desde las comunidades que decidimos formar y fortalecer cada día.

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