Hoy me tocó presenciar una escena que seguramente muchos hemos visto alguna vez. Mientras estaba en una farmacia de Delicias comprando unas tabletas para ahuyentar a los mosquitos, que en esta temporada comienzan a aparecer y representan un riesgo por enfermedades como el dengue, observé a un padre de familia acompañado de su pequeño hijo.
El niño, de unos cinco o seis años, hizo lo que cualquier niño de su edad podría hacer: tomó un producto, se le cayó y comenzó a llorar. Hasta ahí, una situación común, sin embargo, lo que llamó mi atención fue la forma en que el padre intentó corregirlo.
Como castigo, comenzó a decirle que iba a llamar a la policía para que se lo llevara, lo que provocó una reacción inmediata en el pequeño: entró en pánico. Entre lágrimas y gritos, le suplicaba a su padre que no llamara a los policías, durante los pocos minutos que permanecí en el establecimiento, el niño no dejó de llorar por el miedo que le provocaba esa amenaza.
Y aquí es donde surge la reflexión.
¿Es correcto educar a nuestros hijos haciéndoles creer que la policía es alguien a quien deben temer? ¿Es buena idea utilizar a nuestras autoridades como una amenaza para corregir una conducta?
Cada padre de familia tiene sus propios métodos de crianza y este espacio no pretende juzgar a nadie. Sin embargo, vale la pena preguntarnos qué mensaje estamos enviando a nuestros niños cuando les hacemos creer que un policía está para castigarlos o llevárselos.
Las corporaciones de seguridad, los bomberos, los agentes de vialidad, el Ejército y las distintas autoridades existen, entre muchas otras cosas, para proteger y ayudar a la ciudadanía. Son personas a las que deberíamos poder acudir en caso de una emergencia, un accidente o cuando necesitemos apoyo.
Si desde pequeños sembramos miedo hacia ellos, podríamos estar creando una barrera peligrosa. Imaginemos por un momento que ese mismo niño, en algunos años, se encuentra perdido, en riesgo o presenciando una situación de peligro. ¿Buscará ayuda en un policía o intentará alejarse por el temor que le inculcaron desde la infancia?
La confianza en las instituciones también se construye desde casa, así como enseñamos a nuestros hijos a respetar las reglas y a comportarse correctamente, también podemos enseñarles que las autoridades están para servir y proteger, no para convertirse en personajes de miedo.
Por supuesto, esto no significa dejar de inculcar prudencia y cuidado. Significa enseñar respeto, pero también confianza.
La pregunta queda sobre la mesa para todos los lectores: ¿estamos formando niños que vean a la policía como una amenaza o como un apoyo cuando más lo necesiten?
Se lo dejo a su juicio, porque al final, la reflexión y la respuesta le pertenecen a cada uno de ustedes.



