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52 semanas

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Hace exactamente un año recibí una llamada de mi estimado Oscar Rodríguez. Me invitaba a colaborar en Reporte Regional con un espacio semanal. Acepté con entusiasmo, aunque nunca imaginé todo lo que esa invitación traería consigo.

Cincuenta y dos semanas después, miro hacia atrás y descubro que no solo he escrito una columna cada jueves. He compartido pedazos de mi vida. He puesto sobre la mesa mis alegrías, mis dudas, mis aprendizajes, mis pérdidas, mis convicciones y también mis esperanzas.

Y qué mejor manera de celebrar este primer aniversario que comenzando como empiezan las buenas historias…

Había una vez una adolescente de quince años, estudiante de la Preparatoria 20-30. Corría el año de 1999 cuando, durante la clase de la maestra Tamara Quiroz, nos pidió elaborar un Plan de Vida y Carrera. Recuerdo perfectamente que me preguntó cómo imaginaba mi vida diez años después.

Yo ya había decidido estudiar Ciencias de la Comunicación. Me fascinaban los medios y, sobre todo, el periodismo. Sin pensarlo demasiado, le respondí que me veía siendo una profesionista exitosa, trabajando en una bonita oficina y con una pared llena de reconocimientos por mi trabajo.

La vida, como suele hacerlo, escribió un guion distinto al que aquella adolescente había imaginado. Pasaron muchas cosas. Llegaron personas que marcaron mi historia y otras que solo estuvieron de paso. Hubo cambios de rumbo, retos, alegrías, despedidas y nuevos comienzos. Sin embargo, hay algo que nunca cambió: la esencia de aquella joven inquieta, extrovertida, participativa, curiosa y enamorada de las historias.

Hoy descubro que aquella respuesta que di hace veintisiete años no estaba tan equivocada. Tal vez la oficina no es exactamente la que imaginé. Tal vez los reconocimientos no ocupan una pared. Pero la vida terminó regalándome algo que, en ese entonces, ni siquiera sabía que podía desear.

Hoy puedo escribir en mi currículum una palabra que me llena de orgullo: columnista. Cada semana tengo el privilegio de contar historias en este noble medio de comunicación. Historias que nacen de experiencias personales, de conversaciones, de personas que me inspiran o de esas pequeñas reflexiones que aparecen cuando la vida nos obliga a detenernos un momento.

Confieso que pocas cosas pesan tanto como saber que alguien dedica unos minutos de su tiempo para leerte. Y esa responsabilidad se vuelve todavía mayor cuando los mensajes comienzan a llegar. Mujeres y hombres que me cuentan que se identificaron con una historia, que una columna les hizo sonreír en un día complicado, que otra les arrancó una lágrima o que alguna les dio el impulso que necesitaban para seguir adelante.  Entonces entiendo que escribir nunca ha sido solamente acomodar palabras. Es tender puentes. Es descubrir que, aunque nuestras historias sean distintas, las emociones suelen hablarnos el mismo idioma.

Gracias, Reporte Regional, por abrirme este espacio, por confiar en mi voz y por permitirme escribir con libertad, autenticidad y sin censura. Y gracias, sobre todo, a ustedes, quienes cada semana regresan para leer una nueva historia. Porque esta columna existe gracias a quien la escribe, sí, pero cobra verdadero sentido gracias a quien la lee.

Dicen que todas las buenas historias tienen varios capítulos. Este apenas completa sus primeras 52 semanas y, espero que todavía queden muchas páginas por escribir.

 

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