Hay cosas que damos por hecho hasta que descubrimos lo importantes que son. Ver el rostro de mamá, leer las letras en el pizarrón, distinguir los colores, practicar un deporte o contemplar el mundo que nos rodea son acciones cotidianas que, para muchos niños, niñas y jóvenes, pueden representar un desafío sin que nadie lo note.
Cada año, el Día Mundial de la Visión nos invita a reflexionar sobre la importancia de cuidar nuestra salud visual. Pero, más allá de una fecha en el calendario, debe ser una oportunidad para preguntarnos: ¿estamos haciendo lo suficiente para proteger la visión de nuestros niños, niñas y jóvenes?
En ocasiones, un niño que no alcanza a leer lo que está escrito en el pizarrón puede ser considerado distraído. Una niña que se acerca demasiado a un libro quizá sea reprendida por no sentarse correctamente. Un joven que presenta dificultades para concentrarse en clase puede ser señalado por su bajo rendimiento. Sin embargo, detrás de algunas de estas situaciones podría existir un problema visual que necesita atención.
Por eso, la revisión preventiva es tan importante. No debemos esperar a que nuestros hijos se quejen de dolor de cabeza, se froten constantemente los ojos o expresen que no ven bien. Algunas alteraciones visuales no presentan señales evidentes, y los niños pequeños quizá no sepan explicar lo que les sucede, sencillamente porque creen que todos ven el mundo de la misma manera que ellos.
Detectar oportunamente un problema visual puede marcar una diferencia significativa en el aprendizaje, el desarrollo, la seguridad y la calidad de vida. Ver bien facilita la lectura, la escritura, la participación en clase, las actividades deportivas y la convivencia. También puede contribuir a que los menores desarrollen mayor confianza en sus capacidades.
En el Club de Leones Huellas de Amor creemos que cuidar la visión es también abrir oportunidades. Por eso, durante esta semana, nos ocupamos de visitar escuelas primarias y secundarias para realizar tamizajes visuales a niñas, niños y jóvenes, con el propósito de identificar a quienes podrían necesitar atención especializada.
Este esfuerzo no termina con la detección. Nuestro compromiso es dar seguimiento a los resultados y procurar que quienes requieran lentes puedan recibirlos, contribuyendo así a que tengan mejores condiciones para aprender, desarrollarse y disfrutar plenamente de sus actividades cotidianas.
Detrás de esta labor hay algo más que una revisión de la vista: hay tiempo, compromiso, solidaridad y la convicción de que ningún niño debería ver limitadas sus oportunidades por una dificultad visual que pudo detectarse a tiempo.
Las escuelas, las familias, los profesionales de la salud, las instituciones públicas, las empresas y las organizaciones de la sociedad civil podemos contribuir a que la prevención llegue a más personas. Promover campañas de detección, facilitar revisiones visuales y orientar a las familias son acciones que pueden generar un impacto positivo en nuestra comunidad.
Es importante recordar que un tamizaje no sustituye una valoración profesional, pero puede ser el primer paso para identificar una posible dificultad y buscar atención oportuna.
Como sociedad, necesitamos dejar de actuar solamente cuando aparece un problema y comenzar a fortalecer una cultura de prevención. Cuidar la visión de la infancia y la juventud es invertir en educación, bienestar y futuro.
Porque detrás de cada revisión preventiva puede haber una historia distinta: un niño que vuelve a leer con claridad, una joven que recupera la confianza en el salón de clases o una familia que descubre a tiempo algo que no sabía que necesitaba atender.
En este Día Mundial de la Visión, hagamos una pausa y miremos a nuestro alrededor. Preguntemos a nuestros hijos si ven bien, prestemos atención a las señales, promovamos las revisiones preventivas y acerquemos los servicios de salud visual a quienes más los necesitan.
No esperemos a que un niño diga que no ve para actuar. A veces, lo que necesita no es esforzarse más, sino recibir la atención adecuada.
Desde el Club de Leones Huellas de Amor seguiremos impulsando acciones que transformen la solidaridad en oportunidades, porque servir también significa mirar las necesidades de nuestra comunidad y hacer algo para atenderlas.
Ver bien también es aprender mejor, crecer con confianza y tener más oportunidades para construir el futuro que soñamos.
Hagamos que las cosas sucedan. Porque cuidar la visión de nuestros niños, niñas y jóvenes es cuidar sus sueños, sus oportunidades y el futuro de nuestra comunidad.













































