Hay jornadas en el fútbol mexicano que parecen escritas por un guionista con afición por el dramatismo. La fecha 9 del Apertura 2026 nos regaló dos de esos episodios que recuerdan por qué este torneo, con todas sus imperfecciones, sigue siendo atrapante: la lógica y los pronósticos no ganan partidos en la cancha.
Por un lado, el Nemesio Diez atestiguó una remontada de esas que rompen quinielas y corazones. El Toluca parecía tener el trámite bajo control tras irse adelante con goles de Viñas y Paulinho. Sin embargo, Santos Laguna sacó una valentía insospechada en el tramo final. Entre el minuto 86 y el 95, la historia dio un vuelco absoluto con los tantos de Palacios y Villalba para sellar un 2-3 memorable. Un golpe de autoridad de los guerreros que deja en evidencia que dar por muerto a un rival antes del pitazo final en la Bombonera es un error imperdonable.
Lo que consiguió Santos Laguna va más allá de tres puntos: es una auténtica inyección de fe en medio de un torneo convulso. Tras semanas de duras críticas e ironías en redes sociales por aquel viral video de su directiva entonando “Color Esperanza” de Diego Torres, los Guerreros demostraron en el césped que la fe realmente es verdiblanca. Reaccionar de visitante ante uno de los planteles más potentes de la liga y darle la vuelta en el tiempo de compensación transforma la burla en mística; convirtió un meme que pesaba como losa en el himno de una gesta que su afición recordará por mucho tiempo.
Por el otro, en la frontera, FC Juárez dio una lección de efectividad ante uno de los planteles más poderosos del país. Tigres partía como claro favorito en las apuestas, pero los Bravos impusieron su ley. Con un doblete de Óscar Estupiñán en la segunda mitad —incluyendo un cobro desde los once pasos—, los locales firmaron un 2-0 contundente que desnuda las inconsistencias de los regios cuando salen de su zona de confort.
Resultados como estos demuestran que las cuotas y los nombres pesan poco cuando ruge el silbato. En esta liga, el último le puede sacar los tres puntos al candidato al título, y la distancia entre el confort y el fracaso a veces dura solo cinco minutos de compensación.
EDSON MEZA
EL RADAR DEL BALÓN: MÉXICO Y EL MUNDO



