Hay niñas, niños y adolescentes que cada mañana salen de casa con una preocupación que sus padres quizá desconocen: encontrarse nuevamente con quienes los insultan, amenazan, ridiculizan o excluyen. Para ellos, asistir a clases puede convertirse en una experiencia de temor, cuando debería ser una oportunidad para aprender, convivir y desarrollarse.
El próximo 5 de noviembre se conmemora el Día Internacional contra la Violencia y el Acoso Escolar, incluido el ciberacoso, una fecha aprobada por la UNESCO en 2019. Su propósito es llamar la atención sobre un problema que afecta la educación, la salud y el bienestar de millones de estudiantes.
Hablar de acoso escolar no significa referirse únicamente a golpes o agresiones físicas. También existen las burlas constantes, los apodos ofensivos, las amenazas, la exclusión deliberada y la difusión de fotografías o mensajes para humillar a alguien. Algunas de estas conductas se presentan como bromas entre compañeros, pero cuando se repiten y buscan lastimar, sus consecuencias pueden ser graves.
En Delicias, los acontecimientos relacionados con la violencia escolar que se han presentado en los últimos años han generado preocupación entre las familias y la comunidad educativa. Ante estas situaciones, autoridades de distintos niveles, instituciones educativas, padres de familia y organizaciones civiles han impulsado acciones de seguridad, atención psicológica y prevención.
Estos esfuerzos son importantes, pero también nos invitan a reflexionar sobre lo que sucede antes de que un conflicto llegue a convertirse en una agresión. No toda situación de violencia constituye acoso escolar ni tiene las mismas causas; por ello, identificar cada problema y atenderlo oportunamente resulta fundamental.
En este contexto, las medidas de seguridad son importantes, pero la prevención también requiere escuchar a los estudiantes, detectar señales de alerta, atender las denuncias y enseñar formas de resolver las diferencias mediante el respeto y el diálogo.
Desde las familias también tenemos responsabilidades. Conviene preguntar a nuestros hijos cómo se sienten en la escuela, con quién conviven y si hay algo que les preocupa. Escuchar sin juzgar puede ayudar a que compartan experiencias que por vergüenza, temor o desconfianza no se han atrevido a contar.
También es importante enseñarles a reconocer cuándo una broma deja de serlo. Burlarse de una agresión, alentar a quien humilla a un compañero o compartir videos para ridiculizarlo contribuye a aumentar el daño. Sin embargo, algunos estudiantes no denuncian estas situaciones por temor a las consecuencias. Por ello, es fundamental que encuentren confianza y apoyo para pedir ayuda.
Por su parte, las instituciones educativas desempeñan un papel fundamental en la prevención de la violencia escolar. Los protocolos y las medidas de seguridad son herramientas importantes para atender los casos que se presenten. Su aplicación oportuna, el seguimiento correspondiente y la comunicación cercana con las familias contribuyen a proteger el bienestar de los estudiantes.
Bajo el lema “La seguridad y el bienestar de todos los estudiantes: de la promesa a la práctica”, la conmemoración de este año nos invita a revisar qué estamos haciendo desde nuestras respectivas responsabilidades.
Ningún estudiante debería aprender a soportar el miedo como parte de su educación.
La escuela debe ser un espacio donde se enseñen conocimientos, pero también respeto, empatía y responsabilidad. Esa tarea comienza en casa, continúa en las aulas y requiere la participación de toda la comunidad.
Al final, vale la pena preguntarnos: ¿estamos enseñando a nuestros hijos a convivir con los demás o solamente a defenderse de ellos?
Luly González
Mujer, ciudadana y voz pública con propósito.



