Hay veranos que recordamos por el calor y otros que, aunque hayan pasado 40 años, seguimos recordando por lo que ocurrió en ellos.
En Chihuahua, el verano de 1986 fue uno de esos. Tras las elecciones del 6 de julio, el PAN y miles de ciudadanos denunciaron irregularidades y cuestionaron el resultado, iniciando una movilización por la democracia, la participación ciudadana y el respeto al voto.
Ciudadanos como Luis H. Álvarez, Francisco Barrio, Francisco Villarreal y muchos otros decidieron no quedarse de brazos cruzados, hubo protestas, ayunos, marchas y distintas formas de resistencia civil, pero detrás de esos nombres hubo también muchas personas que hicieron su parte, porque aquella lucha fue de ciudadanos que entendieron que la democracia no se defiende solo cuando las cosas nos favorecen.
40 años después, Chihuahua sigue teniendo una responsabilidad especial. En municipios como Delicias todavía viven personas que fueron parte de aquellas luchas, que asumieron costos personales y que siguen participando y dando ejemplo. Son la vieja guardia, los hombres y mujeres que nos dejaron una responsabilidad. Quienes venimos detrás de ellos no recibimos solamente una historia para contar, recibimos una historia que continuar.
En ese tiempo, Acción Nacional era oposición y enfrentaba un sistema político que parecía imposible de mover. Hoy la realidad es diferente: el PAN ha sido gobierno en municipios, estados y a nivel federal, con aciertos, errores y mucho que revisar y mejorar. Pero algunas de las discusiones de entonces siguen vigentes: el respeto a las instituciones, los contrapesos y la participación ciudadana.
Hoy, a nivel nacional, nuevamente somos oposición, y eso nos obliga a preguntarnos qué clase de oposición queremos ser. Ser oposición no significa estar siempre en contra de quien gobierna, si no señalar lo que consideramos incorrecto, proponer, exigir resultados, defender las instituciones y reconocer cuando algo se está haciendo bien, aunque venga de alguien con quien no coincidimos políticamente.
Porque si realmente creemos en la democracia, no se trata solamente de cambiar quién tiene el poder, sino entender para qué queremos el poder.
Y aquí hay algo que también tenemos que aprender dentro de nuestra propia casa: defender a un partido no es defender a ciegas a una persona que milita en él. La congruencia democrática también es reconocer nuestros errores, nuestras áreas de oportunidad y aceptar cuando algo puede hacerse mejor.
Los errores tienen que decirse, pero es diferente señalar para corregir, que convertirlo en chisme; hacer una observación de frente, con respeto y argumentos, y hablar de alguien simplemente para dañar su imagen. La crítica interna también es una forma de lealtad.
Y aquí comparto lo que, para mí, resume que debemos aprender de estos 40 años:
Los nombres y los colores pueden cambiar, pero el reto es evitar que continúen aquellas prácticas que se buscaron cambiar, sería una contradicción luchar durante décadas contra esas prácticas del poder y terminar replicándolas cuando las circunstancias cambian.
Hoy Acción Nacional retoma los conceptos Patria, Familia y Libertad, como parte de su identidad y de su mensaje, ¿Pero qué significado tienen?
Es importante que esas palabras no queden solamente en un lema, la patria se demuestra trabajando por ella, desde el lugar que a cada uno le corresponde, la familia se defiende desde las decisiones que tomamos todos los días y desde las condiciones que queremos construir para las siguientes generaciones, y la libertad la demostramos cuando podemos pensar diferente, participar y defender nuestras convicciones sin dejar de respetar la ley y a quienes piensan distinto.
Recordar aquel verano de 1986 es importante, no para vivir en el pasado, ni para pensar que las batallas de aquella generación son exactamente las mismas que tenemos nosotros, son tiempos diferentes. Aquella generación tuvo sus propias luchas, la nuestra tiene las suyas, pero hay principios que siguen siendo los mismos. Y quienes hoy tenemos la oportunidad de participar en la vida pública, desde un partido, desde un gobierno, desde una organización o como ciudadanos, tenemos una gran responsabilidad. No basta con decir que admiramos a quienes nos antecedieron, tenemos que demostrar que aprendimos algo de ellos.
Amar a Chihuahua y amar a México no significa estar de acuerdo con todo lo que sucede, pero si, estar dispuesto a trabajar por ellos, levantar la voz cuando sea necesario, saber escuchar, defender nuestras convicciones, y saber reconocer nuestros errores.
Tengamos presente que la política no debe tratarse de llegar al poder y ya, sino de lo que hacemos cuando tenemos la oportunidad de ejercerlo.
Después de 40 años, hagámonos esta pregunta: ¿Qué estamos haciendo nosotros con la lucha que otros comenzaron?
Porque los principios no se heredan como un apellido, ni como una fotografía, ni como una credencial de partido, se heredan como una responsabilidad.













































