Cada 18 de abril se conmemora el Día Mundial del Radioaficionado, una fecha que reconoce

a quienes, con pasión y vocación de servicio, han mantenido viva una de las formas más

nobles de comunicación: la radio.

Durante décadas, los radioaficionados han sido pieza clave en la historia de la comunicación.

Han estado presentes en emergencias, desastres naturales y momentos críticos, cuando

otros sistemas fallan. Su labor ha sido silenciosa, pero profundamente valiosa.

Sin embargo, hoy el contexto es distinto.

En mis clases universitarias, al preguntar quién escucha radio, la respuesta suele ser

contundente: casi nadie. Los jóvenes viven en un entorno completamente digital, donde la

inmediatez manda. Plataformas como Spotify, YouTube o TikTok han transformado la

manera en que consumen contenido. Ya no esperan una transmisión: eligen qué escuchar,

cuándo y cómo.

Ayer mismo, en mi trabajo, escuchaba una conversación que refleja perfectamente este

cambio generacional. Una joven hablaba con entusiasmo de Kalimán, aquel personaje que

acompañó a tantas generaciones a través de la radio. La otra, más joven, respondió con total

naturalidad: “No, yo de eso no me acuerdo”.

Intervine entonces y pregunté: “¿Y de radio Radiola, que transmitía noticias o avisos para

personas que vivían en ranchos lejanos?” Su respuesta fue aún más contundente: “Menos”.

Ese breve diálogo dice más que cualquier estadística.

Este cambio no es menor. Representa una transformación profunda en los hábitos, en la

atención y en la forma de relacionarse con el mundo. La radio tradicional —y más aún la

radioafición— compite ahora con algoritmos, contenido personalizado y estímulos

constantes.

Pero sería un error pensar que la radio ha perdido su valor.

Lo que ha cambiado no es su esencia, sino el entorno. La radioafición sigue siendo una

herramienta fundamental en situaciones donde la tecnología más avanzada puede fallar.

Sigue siendo un espacio de aprendizaje técnico, de conexión humana real y de servicio

comunitario.

El reto, entonces, no es resistirse al cambio, sino evolucionar con él.¿Cómo acercar la radio a las nuevas generaciones? Tal vez la respuesta no está en competir

con lo digital, sino en integrarse. Mostrar que detrás de cada frecuencia hay conocimiento,

disciplina y propósito. Que no todo es consumo inmediato; también existe el valor de

construir, de aprender y de servir.

Quizá nuestros jóvenes no escuchan radio como antes. Pero eso no significa que no puedan

encontrar en ella un nuevo significado.

Porque más allá de las plataformas, la verdadera pregunta no es qué están escuchando…

sino qué estamos haciendo para conectar con ellos

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