Ayer celebramos el Día del Padre y como cada año, las redes sociales se llenaron de fotografías, recuerdos y mensajes de agradecimiento. Algunos dedicados a hombres que estuvieron presentes en cada etapa de la vida de sus hijos, otros, marcados por la ausencia de quienes no pudieron o no supieron ocupar ese lugar.
Porque la figura paterna siempre ha sido importante, lo que ha cambiado con el paso del tiempo es la forma en que entendemos la paternidad.
Por muchas generaciones, el hombre creció con la idea de que ser un buen padre significaba trabajar, proveer y garantizar que nada faltara en casa. Su amor se expresaba en largas jornadas laborales, sacrificios y en la responsabilidad de sostener a una familia. No siempre había abrazos, pláticas o muestras de afecto y no porque no existiera amor, sino porque esa era la forma de expresarlo.
Hoy vemos una paternidad distinta, cada vez es más común que veamos padres que cambian pañales, asisten a festivales escolares, hacen tareas, preparan desayunos, juegan en el piso con sus hijos y participan en cada etapa de su crecimiento. Padres que abrazan, escuchan, preguntan, consuelan y buscan estar presentes no sólo físicamente, sino también emocionalmente.
Y con esto no quiero decir que los padres de antes fueran menos importantes, es más bien que las nuevas generaciones han ampliado la manera de entender lo que implica ser papá. Algo muy valiosos dentro de todos estos cambios es que muchos hombres están aprendiendo a ser padres sin haber tenido un modelo parecido en casa. Algunos crecieron con una figura paterna distante, otros enfrentaron la ausencia total de un padre, y sin embargo, han decidido construir una historia diferente para sus hijos.
No es una tarea sencilla, ser padre no viene acompañado de un manual; Se aprende sobre la marcha, entre aciertos y errores, con días buenos y malos, se aprende mientras los hijos también crecen.
Los niños tal vez no recordarán cada juguete, cada regalo o cada detalle de su infancia; Pero sí recordarán quién estuvo ahí cuando tuvieron miedo, quién les enseñó a andar en bicicleta, quién los llevó a la escuela, quién celebró sus logros y quién les mostró, con el ejemplo, cómo enfrentar la vida.
Porque los papás son mucho más que una figura de autoridad, son ejemplo, fortaleza, guía y amor.
La herencia de un padre no se mide solo en lo que dan materialmente a sus hijos, sino en aquello que dejan en sucorazón. Es por eso, que hoy quiero reconocer a esos hombres que todos los días intentan hacerlo mejor que ayer, aprendiendo, equivocándose y creciendo junto a su familia. Porque estar presente sigue siendo uno de los actos de amor más importantes que un padre puede ofrecer.













































