A las personas jóvenes les pedimos experiencia antes de abrirles la primera puerta. Les exigimos iniciativa, dominio de la tecnología, capacidad para adaptarse y resultados inmediatos, aunque muchas veces no hayan tenido un espacio para aprender y demostrar lo que saben.
También repetimos que el futuro está en sus manos. Sin embargo, ninguna persona construye su camino completamente sola. El talento necesita formación, acompañamiento, confianza y oportunidades para ponerse a prueba.
El Día Mundial de las Habilidades de la Juventud fue establecido por las Naciones Unidas en 2014 y se celebra el 15 de julio. Su propósito es destacar la importancia de preparar a las y los jóvenes para el empleo, el trabajo digno y el emprendimiento.
En México, muchas personas terminan sus estudios y encuentran un mercado laboral que les solicita una experiencia que todavía no han podido adquirir. Otras consiguen empleos poco relacionados con su preparación, con ingresos insuficientes o escasas posibilidades de crecimiento.
Al mismo tiempo, distintos sectores productivos señalan que no siempre encuentran perfiles con las capacidades que necesitan. Entre lo que se enseña, lo que se solicita en una vacante y lo que puede ofrecer quien busca su primer empleo existe una distancia que debemos reducir.
Esto no significa que falte talento. En muchos casos, muestra que la formación académica, la capacitación técnica y las necesidades laborales avanzan por caminos separados.
Contar con estudios sigue siendo fundamental, pero el entorno actual también exige habilidades digitales, pensamiento crítico, comunicación, creatividad, organización, trabajo en equipo y capacidad para resolver problemas.
Saber utilizar la tecnología es importante, pero también lo es comprender su alcance, analizar la información y emplearla con responsabilidad. La inteligencia artificial puede facilitar numerosas tareas, pero no sustituye el criterio, la ética, la disciplina ni la capacidad de relacionarnos con otras personas.
El desafío es evitar que estas habilidades se conviertan en una nueva lista de exigencias que recaiga únicamente sobre las juventudes. No podemos pedirles que estén preparadas para todo y, al mismo tiempo, negarles la posibilidad de comenzar.
La primera oportunidad laboral, las prácticas profesionales, el servicio social, las mentorías y la capacitación dentro de los centros de trabajo pueden marcar una diferencia. Una persona recién egresada no llega con todas las respuestas: llega con conocimientos, disposición y capacidades que todavía pueden fortalecerse.
Preparar a las nuevas generaciones es una tarea compartida. Las instituciones educativas deben mantener una relación más cercana con los cambios laborales y tecnológicos. Las empresas pueden contribuir mediante prácticas, capacitación y empleos que permitan aprender. Los gobiernos deben articular políticas de educación, formación, empleo y emprendimiento. Las familias también participan al fomentar responsabilidad, autonomía y confianza.
Las y los jóvenes, además, deben formar parte de las decisiones relacionadas con su preparación. No basta con diseñar programas sin conocer sus intereses, aspiraciones y las dificultades que enfrentan para continuar estudiando o incorporarse al trabajo.
Prepararlos tampoco significa formarlos únicamente para cubrir una vacante. Significa ofrecerles elementos para tomar decisiones, sostener un proyecto de vida, emprender, participar en su comunidad y responder a los cambios con responsabilidad.
El futuro laboral será distinto al que conocieron las generaciones anteriores. Algunas actividades desaparecerán, otras se transformarán y surgirán ocupaciones que todavía no podemos definir. La respuesta no consiste en adivinar cada cambio, sino en enseñar a aprender, pensar y actuar frente a lo desconocido.
Las habilidades abren puertas, pero alguien debe estar dispuesto a brindar la primera oportunidad.
No podemos entregarles a las nuevas generaciones un futuro resuelto, pero tampoco exigirles que lo construyan solas. Apostar por las juventudes significa reconocer su talento, ofrecerles herramientas y hacerles espacio en las oportunidades y decisiones del presente.
Luly González
Mujer, ciudadana y voz pública con propósito.



