La mayoría de los ciudadanos sabe cuándo se celebran las elecciones. Lo que pocos conocen es que la Constitución también establece cuándo pueden cambiarse las reglas bajo las cuales esas elecciones habrán de desarrollarse.

Y no es un detalle menor.

En una democracia, la certeza es tan importante como la participación. Los ciudadanos, los partidos políticos, los candidatos y las autoridades electorales deben conocer con anticipación las reglas que regirán una contienda. De lo contrario, existiría el riesgo de modificar las condiciones de competencia una vez iniciado el juego democrático.

Por esa razón, la Constitución Federal establece que las leyes electorales deben promulgarse y publicarse al menos noventa días antes del inicio del proceso electoral en que vayan a aplicarse. Se trata de una disposición que busca proteger la estabilidad de las reglas y evitar cambios de última hora que puedan generar incertidumbre o ventajas indebidas para algún actor político.

En Chihuahua, este principio adquiere especial relevancia. Conforme a la legislación electoral vigente, el próximo proceso electoral local iniciará el 1 de octubre de 2026. A partir de esa fecha comenzarán formalmente las actividades relacionadas con la organización de la elección que permitirá a los ciudadanos decidir quiénes ocuparán diversos cargos de representación popular.

Si realizamos el cómputo correspondiente, el plazo constitucional de noventa días nos lleva a los primeros días de julio. En términos prácticos, esto significa que quedan pocas semanas para que cualquier reforma electoral que pretenda aplicarse en la elección de 2027 pueda ser aprobada, publicada y entrar en vigor.

La discusión no es menor. Las reformas electorales pueden modificar aspectos fundamentales del sistema democrático: requisitos para candidaturas, mecanismos de representación, acciones afirmativas, procedimientos electorales o formas de participación ciudadana. Lo que se decida hoy puede influir directamente en las reglas bajo las cuales se desarrollará la próxima contienda electoral.

Por ello, durante las próximas semanas seguramente veremos propuestas, debates y posicionamientos de las distintas fuerzas políticas. Eso forma parte natural de la vida democrática. Sin embargo, más allá de las diferencias partidistas, existe una responsabilidad común: garantizar que cualquier modificación responda al interés público y fortalezca la confianza ciudadana en las instituciones.

La democracia necesita reglas. Pero también necesita tiempo para que esas reglas sean conocidas, comprendidas y respetadas por todos.

Entre la ley y la realidad suele existir una distancia considerable. La ley nos recuerda que las reglas no deben cambiarse de manera improvisada; la realidad política, en ocasiones, presiona para hacerlo. En las próximas semanas veremos si prevalece la lógica de la coyuntura o la visión de largo plazo que exige toda democracia madura.

Porque las elecciones duran unos meses. Las reglas que las hacen posibles pueden durar años. Y cuando se trata de democracia, el tiempo también forma parte de la ley.

Arturo Michel

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