En Delicias, hablar de salud mental no es un tema lejano. Durante 2025, el CECOSAMA de nuestra ciudad atendió a 348 personas y realizó 1,816 sesiones. Detrás de cada atención hay una persona que decidió buscar ayuda, una familia que necesitó acompañamiento y, en muchos casos, una oportunidad para prevenir que una crisis terminara en una tragedia.
Hay temas que nos incomodan. Temas que preferimos evitar porque no sabemos qué decir, porque pensamos que hablar de ellos puede empeorar las cosas o simplemente porque creemos que “a nosotros nunca nos va a pasar”.
El suicidio es uno de ellos.
Pero guardar silencio no hace que el problema desaparezca.
Prevenir el suicidio comienza muchas veces con algo tan sencillo —y tan difícil— como preguntar: “¿Cómo estás realmente?”
No se trata de tener las palabras perfectas. Tampoco de convertirnos en psicólogos de un día para otro. Se trata de aprender a escuchar sin juzgar, de tomar en serio cuando alguien dice que ya no puede más y de entender que una persona que atraviesa una crisis no necesita que le digamos “échale ganas”; necesita sentirse acompañada y saber que pedir ayuda está bien.
A veces las señales están ahí: aislamiento, cambios repentinos de comportamiento, desesperanza, despedidas inusuales o expresiones de que la vida ya no tiene sentido. No siempre son evidentes, y no todas las personas muestran las mismas señales. Por eso, la prevención no puede depender únicamente de reconocerlas; también depende de construir entornos donde hablar de lo que sentimos no sea motivo de vergüenza.
En nuestras familias, escuelas, trabajos y comunidades necesitamos recuperar algo que parece sencillo, pero que hemos ido perdiendo: la capacidad de estar presentes para los demás.
Preguntar. Escuchar. Acompañar. No minimizar.
Y, cuando existe un riesgo real, buscar ayuda profesional y servicios de emergencia. No tenemos que enfrentar una situación así solos.
También debemos entender algo importante: hablar de suicidio de manera responsable no “mete ideas en la cabeza”. Al contrario, abrir una conversación puede permitir que una persona exprese lo que está viviendo y reciba ayuda.
Hoy quiero dejar una pregunta:
¿Cuándo fue la última vez que preguntaste de verdad cómo estaba alguien que te importa?
Tal vez esa conversación no cambie el mundo.
Pero puede cambiarle el día a alguien.
Y en determinados momentos, cambiarle el día a una persona puede significar darle tiempo para pedir ayuda, para encontrar acompañamiento y para descubrir que su historia todavía puede continuar.
Prevenir el suicidio no es responsabilidad de una sola persona. Es una tarea de todos.
Porque creer en alguien también es decirle:
“No tienes que pasar por esto solo. Estoy aquí. Vamos a buscar ayuda.”
¡Recuerda creer es crear! ¡Creen en ti, busca tú propósito!



