Este fin de semana se celebró el Día del Padre en todo México, pero al menos en nuestra región centro-sur del estado, la fecha pasó con mucho menos ruido del que tradicionalmente acostumbrábamos ver.

En Delicias, ciudad donde las costumbres familiares suelen estar muy arraigadas, años atrás era común observar patios llenos de humo por las clásicas carnitas asadas, reuniones familiares que se prolongaban durante toda la tarde e incluso los tradicionales caldos de pescado preparados especialmente para consentir al jefe de familia. Sin embargo, este año la historia pareció ser distinta.

Las calles lucieron relativamente tranquilas, los restaurantes no registraron el movimiento extraordinario de otras ocasiones y los centros comerciales tampoco mostraron aquellas largas filas de personas buscando el regalo de última hora para papá. La sensación general fue de una celebración discreta, casi rutinaria.

La pregunta es inevitable: ¿estamos dejando de festejar a los padres?

Mi opinión es que sí. Poco a poco el Día del Padre ha ido perdiendo fuerza frente a otras fechas comerciales que reciben mayor promoción y atención. Mientras que para el Día de las Madres existe toda una movilización social, económica y cultural, para los padres el reconocimiento suele quedarse en una llamada telefónica, una felicitación en redes sociales o una reunión sencilla.

No se trata de competir entre una celebración y otra, sino de reconocer una realidad que cada vez es más evidente. El papel del padre dentro de la familia ha cambiado, pero su importancia sigue siendo fundamental. Sin embargo, la sociedad parece otorgarle cada vez menos espacios de reconocimiento público.

Quizá también influye la situación económica. Muchas familias enfrentan tiempos complicados y priorizan los gastos esenciales. Aun así, más allá de los regalos, llama la atención que incluso las reuniones familiares tradicionales parecen ir desapareciendo.

Desde Delicias y gran parte de Chihuahua, donde las reuniones alrededor de la carne asada forman parte de nuestra identidad, resultó extraño no percibir ese ambiente festivo que durante años caracterizó esta fecha.

Tal vez sea momento de reflexionar sobre el valor que damos a nuestros padres mientras aún podemos compartir tiempo con ellos. Porque al final, más importante que cualquier obsequio es el reconocimiento, la convivencia y la gratitud.

Y si la tendencia continúa, corremos el riesgo de que el Día del Padre termine convirtiéndose en una fecha más del calendario, cuando debería seguir siendo una oportunidad para fortalecer los lazos familiares y agradecer a quienes han dedicado gran parte de su vida a sacar adelante a sus hijos.

Antes de terminar, quisiera hacer una reflexión. Si tienes algún rencor, enojo o una cuenta pendiente con tu padre o con tu abuelo, antes de juzgar trata de ponerte en sus zapatos. Ninguna historia es perfecta y cada generación enfrentó sus propias batallas. Eso no significa justificar errores, pero sí entender que muchas veces hicieron lo mejor que pudieron con las circunstancias que les tocaron vivir.

No dejes pasar la oportunidad de arreglar las cosas. Este mensaje va para hijos, hijas, nietos y bisnietos. El tiempo no perdona, los años avanzan y llega el momento en que una llamada, un abrazo o una conversación ya no son posibles. Mientras exista la oportunidad, vale la pena intentarlo.

México está prácticamente instalado en la segunda fase del Mundial y ojalá que la pasión futbolera sirva como pretexto para volver a reunir a las familias alrededor de una mesa, una carne asada o simplemente frente al televisor. Porque al final, los mejores recuerdos no se construyen con regalos, sino con momentos compartidos.

Nos leemos la próxima semana.

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