El 12 de mayo se celebra en nuestro país el Día del Comunicólogo. Algunos pensarán que es un día raro como el “Día del hermano de en medio” o el “Día Mundial de llevar al perro a tu trabajo”. Otros desconocerán quiénes son o qué hacen los y las comunicólogos.
El ser humano es un ser social por naturaleza. Esto quiere decir que todas las personas intercambian ideas y mensajes de manera constante entre sí. Así que de aquí se deriva la función principal de quienes nos desenvolvemos en esta rama: entender y estudiar el entorno de los medios de comunicación para poder así, crear estrategias creativas que logren transmitir los mensajes correctos, en el momento correcto y al público correcto. Asimismo, los comunicólogos podemos desempeñarnos de manera profesional en distintas industrias y sectores, por lo que nuestras funciones varían significativamente:
- Encargarse del diseño de estrategias de comunicación de la organización en la que trabajan.
- Implementar, supervisar y analizar las estrategias de comunicación actuales.
- Fungir como consultores de imagen, prensa o discurso.
- Diseñar y desarrollar estrategias de respuesta ante determinadas situaciones, como crisis mediáticas, problemas con la reputación corporativa, etc.
- Representar a una organización a nivel interno, externo o ante los medios de comunicación.
- Sumergirse en el campo de la investigación para resolver preguntas sobre el comportamiento humano relacionado con la comunicación.
- Asesorar a instituciones gubernamentales o internacionales en temas de comunicación.
- Ocuparse de la comunicación interna o institucional de una organización.
- Analizar los diferentes tipos de interacciones que existen entre las personas y los grupos sociales.
- Ser la cara o la voz de personajes políticos o figuras públicas.
- Encargarse de las relaciones públicas de una empresa, persona o institución.
- Encargarse de las redes sociales de una empresa o institución.
Creo que se nota la pasión con la que describo esta área que amo tanto y que desde mi adolescencia supe que quería desarrollarme en ella. Por eso me llega a molestar que durante años se ha minimizado la importancia de la formación profesional en comunicación, como si comunicar fuera únicamente hablar frente a una cámara, escribir bonito en redes sociales o tener muchos seguidores en internet.
Me atrevo a aseverar que hoy cualquiera puede abrir un perfil, grabar un video, emitir una opinión y alcanzar miles de reproducciones en cuestión de horas, ya que vivimos en una época donde la inmediatez convirtió a las plataformas digitales en espacios de información, entretenimiento y debate público. Sin embargo, también vivimos en una era donde pocas veces se cuestiona qué hay detrás de un mensaje, cuál es su intención, qué impacto genera o qué responsabilidad implica difundirlo. Y es ahí donde aparece el comunicólogo.
Porque estudiar Comunicación o Ciencias de la Comunicación nunca se trató solamente de aprender a usar un micrófono o conducir un noticiero. Detrás de esta profesión existe toda una estructura teórica, ética y social que permite comprender cómo se construyen los discursos, cómo influyen los medios en la percepción colectiva y cómo una narrativa puede modificar comportamientos, emociones e incluso decisiones políticas.
Hablar de Teorías de la Comunicación Masiva parece, para muchos, un concepto aburrido, lejano o innecesario. Pero basta mirar cualquier tendencia viral para entender su vigencia. El establecimiento de la agenda —ese fenómeno donde los medios deciden qué temas se vuelven importantes para la sociedad— ocurre todos los días, ahora también desde TikTok, Facebook, Instagram o X. Lo vemos cuando ciertos temas dominan la conversación pública mientras otros desaparecen por completo del radar colectivo.
Los líderes de opinión ya no son exclusivamente periodistas, académicos o figuras políticas. Hoy un creador de contenido puede influir más en las decisiones de una audiencia que muchos medios tradicionales. Y aunque eso no es necesariamente negativo, sí obliga a reflexionar sobre la responsabilidad que implica comunicar sin preparación, sin contexto y muchas veces sin conciencia del alcance de las palabras.
Porque comunicar no es solamente transmitir información. Comunicar es construir realidades.
Quienes estudiamos esta disciplina entendemos desde las aulas que todo mensaje tiene un emisor, un receptor, un canal, un código y un contexto. Aprendemos que existen ruidos que alteran la interpretación, sesgos que modifican percepciones y estrategias capaces de persuadir emocionalmente a las audiencias. Comprendemos que una palabra mal utilizada puede desinformar, polarizar o incluso lastimar. Y quizá por eso resulta preocupante que cada vez sea más común desacreditar la formación profesional bajo frases como “la experiencia vale más que el título” o “cualquiera puede hacer periodismo”. Sí, la experiencia es importante. El periodismo empírico ha dado voces valiosas a lo largo de la historia y las redes sociales democratizaron la posibilidad de comunicar. Pero una cosa no debería excluir a la otra.
La preparación académica no garantiza ética ni talento, pero sí proporciona herramientas para analizar críticamente la información, entender fenómenos sociales y asumir con mayor responsabilidad el ejercicio de comunicar. Recuerdo que desde que era estudiante en la Ibero de Torreón, me molestaba cuando algunos compañeros decían que habían decidido estudiar esta carrera por no llevar matemáticas o porque creían era fácil. Cuando me convertí en docente universitaria de la carrera de Ciencias de Comunicación en el CEUN, me esforcé por transmitir a mis alumnos mi amor por la comunicación humana.
En tiempos donde abundan las noticias falsas, la desinformación y los contenidos diseñados únicamente para generar interacción, el papel del comunicólogo se vuelve más necesario que nunca. Porque no se trata solo de informar rápido, sino de comprender el impacto social de lo que se comunica.
Tal vez el gran reto de nuestra profesión hoy no sea competir contra las nuevas plataformas, sino recordar que la comunicación sigue siendo una ciencia social profundamente humana. Una que estudia emociones, conductas, culturas y formas de entender el mundo. Y aunque el algoritmo premie la inmediatez, siempre hará falta alguien que sepa explicar, contextualizar y comunicar con responsabilidad.
¡Feliz Día del Comunicólogo colegas!











































