México no se detiene por falta de ideas. Se detiene por algo mucho más simple… y mucho más incómodo: no queremos cambiar.
Queremos ciudades limpias, pero no dejar el coche.
Queremos aire de calidad, pero no soltar la comodidad.
Queremos progreso… pero sin modificar lo que hacemos todos los días.
Aquí aprendimos que usar transporte público es de personas humildes, que el coche es símbolo de éxito y que entre más grande, mejor. No importa si eso significa tráfico interminable, contaminación constante o ciudades completamente saturadas. Lo importante es no parecer que retrocediste.
Porque aquí el problema no es moverte mal.
Es moverte “como los demás”.
Más del 70% de la población en muchas ciudades se mueve en transporte público, pero la inversión, la infraestructura y el diseño urbano siguen privilegiando al automóvil. Carriles, puentes, distribuidores… todo para un modelo que ya colapsó, pero que seguimos defendiendo como aspiración.
Y así vamos.
Respirando peor… pero sintiéndonos “mejor”.
La misma lógica aplica con el medio ambiente.
Cuidar el planeta sigue siendo visto como exageración. Separar residuos es de intensos. Llevar tu termo es innecesario. Hablar de cambio climático incomoda. Como si fuera un tema opcional, cuando vivimos en un país donde más del 60% del territorio enfrenta estrés hídrico, donde las sequías son cada vez más frecuentes y donde el calor ya no es temporada, es constante.
Pero seguimos igual.
Porque aquí el problema no es la crisis.
Es que cambiar implica incomodarse.
Y luego están los animales.
Hemos avanzado en conciencia sobre perros y gatos, sí, pero seguimos ignorando todo lo demás. Ecosistemas completos desapareciendo, especies silvestres desplazadas, biodiversidad perdiéndose en silencio. Defendemos lo cercano, pero olvidamos lo esencial.
Como si la naturaleza importara solo cuando la podemos abrazar.
Todo esto tiene un mismo origen: percepción.
Creemos que progreso es tener más, consumir más, ocupar más espacio. Creemos que reducir es perder. Que cuidar es limitarse. Que hacer las cosas diferente es raro.
Y mientras pensemos así, nada va a cambiar.
Porque México no está detenido por falta de soluciones. Está detenido por resistencia cultural. Por no querer soltar aspiraciones que ya no funcionan. Por no querer ser el primero en hacer algo distinto. Por seguir validando lo mismo que nos está frenando.
Pero algo empieza a moverse.
Cada vez más personas usan bici, cuestionan proyectos, reducen consumo, participan, se informan. No es mayoría, pero ya no es invisible. Y ahí empieza todo.
Porque el cambio no empieza cuando todos lo hacen.
Empieza cuando alguien deja de justificar lo mismo de siempre.
Y justo cuando todo esto pasa, cuando el planeta empieza a mandar señales cada vez más claras, nos preparamos para celebrar el Día de la Tierra.
Y la pregunta es inevitable.
¿Cuál tierra?
La que no cuidamos.
La que seguimos explotando.
La que tratamos como recurso y no como sistema.
O esa otra que soñamos conquistar.
Porque mientras aquí seguimos discutiendo si usar transporte público es “bajarse de nivel”, allá afuera hablamos de misiones como Artemis, de regresar a la Luna, de explorar nuevos territorios. Buscando futuro en otro lado… mientras descuidamos el único lugar donde realmente podemos vivir.
Y eso sí es incómodo.
Porque no es que no podamos llegar a la Luna.
Es que no hemos aprendido a quedarnos en la Tierra.
Consejo incómodo: deja de ver el cambio como algo lejano. Usa transporte público cuando puedas, comparte trayectos, reduce consumo innecesario, cuestiona lo que haces por costumbre y no por convicción. No se trata de hacerlo perfecto, se trata de hacerlo diferente. Porque el problema no es que no sepamos… es que no queremos empezar.
No necesitamos otro planeta. Necesitamos otra mentalidad.
Juntos Todos por una sociedad que deje de justificarse… y empiece a transformarse. 🌎
Sígueme en mis redes sociales:
https://linktr.ee/jctorrecillas



