Ya es día de Bajo la lupa, amigo lector. Hoy, en Bajo la lupa, quiero hablarle de un tema del que poco se habla, pero que hoy más que nunca exige reflexión, la seguridad, la respuesta de las instituciones y, sobre todo, la cercanía con las víctimas.
El día de ayer falleció Noelia Castillo Ramos, una joven de 25 años originaria de Barcelona. Su partida ha conmocionado al mundo. No solo por su edad, sino por las circunstancias que la rodearon, se convirtió en uno de los casos más complejos y mediáticos desde la aprobación de la eutanasia en 2021.
Su proceso duró 601 días. Pero detrás de esa cifra hay una historia que no debería repetirse jamás.
Noelia fue víctima de una violación múltiple. Un hecho brutal que marcó su vida para siempre. Poco tiempo después, en medio de ese dolor, intentó quitarse la vida, lo que la dejó parapléjica. Desde entonces, su condición física y emocional se deterioró profundamente, dolores constantes, pérdida de movilidad, insomnio… y un sufrimiento psicológico que los propios especialistas calificaron como “intenso e incapacitante”.
En medio de ese panorama, solicitó la eutanasia. Su caso abrió un debate mundial. Por un lado, quienes defendían su derecho a decidir y a dejar de sufrir. Por otro, quienes cuestionaban que una persona joven, no terminal, pudiera acceder a este procedimiento.
Días antes de su fallecimiento, Noelia fue clara y serena: “Quiero irme en paz y dejar de sufrir”.
Pidió hacerlo en su habitación, en su espacio, sin que nadie la viera en su último momento. Quería despedirse con deseo. Incluso dijo: “Quiero morirme mona, guapa… con el vestido más bonito que tenga”.
Y así se fue, una joven de 25 años. Víctima de violencia. Víctima del abandono institucional. Víctima de falta de apoyo familiar.
Y aquí es donde le pregunto a usted, amigo lector:
¿Qué haría si Noelia fuera su hija?
¿La apoyaría en su decisión?
¿Estaría de acuerdo con que en México existiera una ley así?
Porque no se trata de invalidar el dolor de una víctima. Nadie puede hacerlo. Pero sí debemos cuestionar por qué llegamos a estos extremos.
El problema no empieza con la eutanasia. Empieza mucho antes, empieza cuando la justicia no llega. Cuando los agresores no reciben castigos ejemplares. Cuando denunciar no garantiza protección.
Hoy, en México, solo el 5.4% de las víctimas de violencia sexual denuncia. El 94.6% restante ni siquiera aparece en las estadísticas. No existen para el sistema. Y mientras tanto, la cárcel para muchos criminales se ha convertido en una estancia temporal, no en un verdadero castigo.
Ahí está el verdadero fondo del problema. No es solo una discusión sobre el derecho a morir, es una discusión sobre la incapacidad de un Estado para garantizar el derecho a vivir con dignidad.
Como sociedad, no podemos limitarnos a indignarnos. Tenemos que exigir, proponer y actuar.
Hoy escribo por Noelia, pero también por las miles de mujeres, hombres, niñas y niños en nuestro país que han vivido historias similares.
Y le dejo una última reflexión: ¿Qué haría usted si estuviera en su lugar?
Recuerde que aquí analizamos Bajo la lupa, más allá del discurso.
Nos leemos la próxima semana.












































