Mis estimados lectores:
Llega la primavera a nuestra región y con eso se antoja visitar lugares y con eso llegan recuerdos En tiempos donde lo inmediato parece borrar la memoria, vale la pena detenernos un momento y voltear hacia lo esencial: el orgullo de nuestras raíces.
Hablar de Chihuahua no es cualquier cosa. No es solo ubicarlo en el mapa como el estado más grande del país. Es reconocerlo como una tierra que, generación tras generación, ha sabido producir talento que no pide permiso… simplemente irrumpe y se queda.
Ahí está, para la historia, el trazo firme de David Alfaro Siqueiros, que no solo pintó muros, sino que marcó ideologías. O la voz eterna de Juan Gabriel, quien desde Ciudad Juárez le cantó al mundo entero sin necesidad de traducción.
Porque Chihuahua tiene eso: autenticidad.
Una autenticidad que también se escucha en Lucha Villa, recia, directa, sin adornos; o que se proyecta en la pantalla con Aracely Arámbula, demostrando que el talento del norte también sabe ser protagonista.
Y mientras algunos insisten en mirar siempre hacia el centro del país, Chihuahua sigue haciendo lo suyo… formando nuevas voces. Ahí están Kevin Kaarl, Ed Maverick y Ingratax, conectando con una generación que ya no pide reflectores, los crea. O el caso de Omar Chaparro, que entendió cómo brincar fronteras sin perder identidad.
En lo nuestro, en lo que suena a norte, ahí está Tony Meléndez, poniendo sentimiento a cada letra, mientras que nombres como Miguel Aceves Mejía nos recuerdan que Chihuahua también fue protagonista en la época dorada del país.
Y sí, también hay figuras que colocan el nombre de Chihuahua en escenarios globales, como Andrea Meza o el histórico Anthony Quinn, porque el talento de esta tierra no entiende de límites geográficos.
Pero que quede claro: estos nombres son apenas una muestra.
Hay mucho más talento en nuestro estado, gente que todos los días construye historia desde distintos frentes. Sin embargo, estos perfiles han logrado algo que no es menor: poner a Chihuahua en el ojo mundial, convertirlo en referencia, en identidad, en marca.
Y eso, en tiempos donde todo compite por atención, vale oro.
Quizá el reto no es generar talento —eso aquí sobra—, sino aprender a reconocerlo, impulsarlo y sentirnos orgullosos sin reservas. Porque mientras no lo hagamos nosotros, difícilmente vendrá alguien más a hacerlo.
Chihuahua no necesita reflectores prestados.
Tiene luz propia.
Y es momento de que, como sociedad, dejemos de dudarlo.











































