En días pasados se conmemoraron fechas de gran relevancia social. El pasado 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, nos recordó la lucha histórica por la igualdad, el reconocimiento y el respeto de los derechos de las mujeres en todos los ámbitos de la vida pública y privada.

Sin embargo, pocos días después, el 10 de marzo, se conmemora una fecha que para quienes nos desenvolvemos en el ámbito jurídico tiene un significado muy particular: el Día Internacional de las Juezas o Mujeres Juzgadoras, declarado por la Organización de las Naciones Unidas. Esta fecha busca reconocer el papel fundamental que las mujeres han desempeñado y continúan desempeñando dentro de los sistemas de justicia en todo el mundo.

La función de juzgar es, sin duda, una de las responsabilidades más importantes dentro del Estado de Derecho. De las decisiones de quienes imparten justicia dependen la protección de los derechos, la solución de los conflictos y la confianza de la sociedad en sus instituciones. En México incluso se conmemora el Día del Juez Mexicano; sin embargo, reconocer de manera particular a las mujeres que ejercen esta responsabilidad representa un paso importante en la visibilización de su labor y de su trayectoria dentro del Poder Judicial.

En nuestro propio estado de Chihuahua podemos observar con claridad esta realidad. Actualmente el Poder Judicial se encuentra presidido por una mujer, y antes de ella también fue encabezado por otra. Esto no es una casualidad ni una concesión, sino el resultado del trabajo, la preparación y la trayectoria de muchas mujeres que, con profesionalismo y compromiso, han construido su lugar dentro de la impartición de justicia.

La reciente reforma judicial del año pasado también refleja esta transformación. En el proceso electoral correspondiente se estableció que al menos la mitad de los espacios debían ser ocupados por mujeres. Este principio de paridad no solo responde a una exigencia de igualdad, sino que reconoce una realidad: hoy existen mujeres ampliamente preparadas, con la capacidad, el conocimiento y la vocación necesarios para ejercer la función jurisdiccional.

Incluso en diversos distritos judiciales es posible encontrar una mayoría de mujeres juzgadoras, muchas de ellas desempeñando además múltiples responsabilidades en su vida personal y familiar. Esa realidad hace aún más valioso el compromiso con el que desarrollan su labor dentro de un sistema que exige preparación constante, criterio jurídico sólido y un profundo sentido de responsabilidad.

Reconocer el papel de las mujeres dentro del Poder Judicial no debe entenderse únicamente como un acto simbólico. Es también reconocer el esfuerzo, la disciplina y la dedicación con la que han contribuido a fortalecer nuestras instituciones. Hoy el sistema de justicia cuenta con mujeres altamente preparadas que, con su trabajo diario, demuestran que el mérito, la capacidad y la vocación son el verdadero camino para construir una justicia más sólida y cercana a la sociedad.

Porque cuando una mujer llega a un espacio de decisión dentro del sistema judicial, no solo ocupa un cargo: abre camino para que muchas más puedan hacerlo.

Que el 10 de marzo sea entonces una oportunidad no solo para conmemorar, sino para reconocer que el talento, la preparación y el compromiso de las mujeres juzgadoras ya forman parte esencial del presente y del futuro de la justicia.

“La justicia se fortalece cuando quienes la imparten lo hacen con preparación, convicción y vocación de servicio.”

 

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