Esta mañana, platicando por WhatsApp con una de mis queridas amigas, me contaba que se sentía feliz y esperanzada por los triunfos demócratas y latinos en los Estados Unidos. Mi amiga emigró hace más de treinta años, es ciudadana norteamericana y muy consciente de la realidad migratoria que viven nuestros paisanos en busca del “sueño americano”.

Ella y yo frecuentemente tenemos pláticas que para algunas personas pueden parecer aburridas o “ñoñas”. Para nosotras son nuestras “curitas para el alma”: nuestra dosis de amor propio, mindfulness, motivación y acompañamiento. Y una de nuestras frases favoritas es TODO PASA.

Justamente esa fue mi respuesta cuando me compartió su felicidad. Más allá de los resultados que celebraba, pensé en esa posibilidad de cambio que nos devuelve la esperanza cuando pareciera que las cosas se quedarán así para siempre.

Y ahora, queridos lectores, viene mi momento Carrie Bradshaw, tecleando en mi laptop y mirando por la ventana.Y no puedo dejar de preguntarme: ¿será que también en México podamos votar con conciencia en el 2027 y abrirle paso a un cambio?

Un cambio que se pueda sentir en la vida cotidiana. En la escuela donde estudian nuestros hijos, en el hospital al que llevamos a nuestros padres, en las oportunidades que encuentra una persona para salir adelante, en el supermercado donde surtimos nuestra despensa, en la casa que hemos hecho nuestro hogar.

Desde mi realidad en el sector educativo de la formación para el trabajo, me preocupa encontrar en redes sociales testimonios de docentes que renuncian a sus plazas. Entre sus motivos aparecen el agotamiento, las exigencias y la sensación de que su trabajo se valora y se respeta cada vez menos.

Detrás de cada testimonio hay una persona que alguna vez llegó con ilusión a un salón de clases. ¿En qué momento el desgaste terminó pesando más que la vocación? Y sí, queridos lectores, últimamente también ha pasado por mi cabeza el buscar nuevas opciones laborales.

Esta semana también me tocó vivir de cerca la realidad del sector salud. Mi abuela atravesó una situación delicada y estuvo unos días en el área de urgencias de la Clínica 11 del IMSS, en Ciudad Delicias, Chihuahua. Casi tres días para que hubiera una cama disponible y pudiera pasar a piso para ser atendida por especialistas.

La atención de médicos, enfermeras y personal fue humana y profesional. Lo digo con gratitud. Pero las carencias en espacios, materiales, insumos y medicamentos distan mucho de parecerse a las de Dinamarca (guiño, guiño).

Porque todos, sin importar por quién votamos, necesitamos salud, educación, seguridad, alimento y oportunidades. Todos queremos que nuestros seres queridos sean tratados con dignidad. Todos merecemos que alguien escuche y atienda cuando estamos en una situación vulnerable.

Por eso creo que ningún sistema ni régimen político es para siempre. Aunque desde el poder pueda parecerlo. La historia sigue su curso, las sociedades cambian y las personas también podemos revisar nuestras decisiones.

TODO PASA. Nada es para siempre. También los gobiernos, las mayorías legislativas y los cargos.

Lo que debe permanecer es el humanismo: poner en primer lugar las necesidades de las personas y actuar en consecuencia. Que esa convicción se refleje en decisiones, presupuestos, condiciones de trabajo y servicios que respondan a la realidad.

Quienes ocupamos una responsabilidad tenemos que recordar que el puesto es pasajero. Llegamos a una institución que existía antes de nosotros y que continuará cuando nos vayamos. Durante ese tiempo podemos facilitar caminos, escuchar, resolver y cuidar. Esa es una oportunidad que merece aprovecharse con humildad.

Y quienes elegimos también tenemos una tarea: observar, preguntar, exigir y reconocer lo que funciona. Revisar nuestras lealtades cuando haga falta. Ningún partido merece que dejemos de mirar a las personas.

Quizá por eso aquella conversación con mi amiga terminó acompañándome todo el día. TODO PASA puede consolarnos, pero también recordarnos que tenemos algo que hacer mientras las cosas cambian.

Todo pasa, pero el humanismo permanece.

Todo pasa, pero la necesidad de vivir con dignidad permanece.

Los puestos son pasajeros. El amor por servir puede acompañarnos toda la vida. El desgaste y la desmotivación pasarán.

Así que nos quedan algunos meses para decidir si queremos que la situación en nuestro país continúe como hasta ahora (o peor, Dios guarde), o con nuestro voto decidamos que ESTO TAMBIÉN PASARÁ.

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