Hay días en los que una mamá se siente agotada, pero no del cansancio normal, no de ese cansancio que se resuelve con dormir unas horas. Se siente agotada de pensar, de resolver, de cuidar, de anticiparse a todo y de intentar ser, al mismo tiempo, la persona que todos necesitan.
Y entonces vivimos un momento difícil de aceptar: a veces el cansancio habla más fuerte de lo que quisiéramos y no porque una mamá no ame a sus hijos, al contrario. Precisamente porque son ellos quienes están más cerca, son quienes terminan recibiendo la impaciencia, el enojo o la frustración acumulada durante un día en el que sentimos que ya no podemos más.
Después llega la culpa, esa que conocemos muchas madres, la de levantar la voz y arrepentirnos unos minutos después, la de sentir que no tuvimos paciencia, pensar que pudimos haber respondido de otra manera, preguntarnos en silencio, si lo estamos haciendo bien.
Y de fuera, rara vez nos detenemos a preguntarnos: ¿Quién está cuidando a la mamá?
Septiembre es un mes en el que hablamos mucho sobre salud mental, se habla de la importancia de pedir ayuda, de ir a terapia, expresar lo que sentimos y aprender a reconocer cuando algo no está bien. Pero hay una etapa en la vida de muchas mujeres en la que la salud mental todavía pasa a segundo plano: antes, durante y después del embarazo.
Durante meses nos preguntan cómo va el bebé, si ya elegimos el nombre, después, cuando nace; ¿ya duerme?, ¿ya come?, pero no es tan común que alguien pregunte algo tan sencillo como: ¿Y tú, cómo estás?
Convertirse en madre no significa únicamente tener un hijo; La maternidad transforma el cuerpo, la mente, las emociones, las relaciones y la vida entera.
Durante el embarazo y el post parto hay grandes cambios físicos y hormonales, y al mismo tiempo transformaciones emocionales y sociales. Cambia el cuerpo, la rutina, la relación de pareja, las prioridades y, en ocasiones, cambia incluso la manera en que una mujer se ve a sí misma. Por eso, la salud mental durante este periodo debería recibir la misma atención que la salud física.
Hay mujeres que viven el embarazo con ilusión y tranquilidad y otras que sienten miedo, ansiedad, tristeza. Durante el posparto las mujeres pueden experimentar una felicidad que convive, al mismo tiempo, con cansancio, culpa, enojo y la sensación de no saber quién eres, y hay muchas que los viven en silencio.
No todas las mujeres viven la maternidad de la misma manera, hay quienes nunca experimentan problemas de salud mental, hay quienes atraviesan momentos difíciles y logran salir adelante con apoyo, y hay mujeres que, lamentablemente, enfrentan situaciones mucho más graves.
Por eso minimizar lo que una mujer siente durante el embarazo o después del nacimiento de un hijo puede ser un error, porque no siempre se trata de estar simplemente cansada. A veces una mujer necesita dormir, necesita apoyo, hablar y en ocasiones, necesita atención profesional.
Sin embargo, muchas veces seguimos respondiendo a las emociones de las madres con frases que, aunque parezcan inofensivas, terminan minimizando lo que están viviendo; “Así es ser mamá.”, “Todas estamos cansadas.”, “Disfruta porque crecen muy rápido.”
Pero reconocer que la maternidad puede ser difícil no significa amar menos a nuestros hijos, puedes amarlos y sentir que ya no puedes más, estar agradecida por ser madre y necesitar un descanso, sentir felicidad y, al mismo tiempo, tristeza. Puedes tener personas a tu alrededor y aun así sentirte sola. Y puedes ser una buena madre mientras atraviesas un momento en el que necesitas ayuda, el problema es que muchas veces esperamos demasiado para pedirla; Esperamos a estar completamente agotadas, a no poder más, esperamos a que alguien se dé cuenta.
No todas las mujeres cuentan con una pareja que las acompañe, una familia disponible, amigas con quienes hablar, no todas tienen esa famosa “tribu” de la que tanto se habla. Y una mujer que sostiene sola muchas cosas puede terminar rompiéndose en silencio.
Cuando una madre pierde constantemente la paciencia, cuando siente que todo la rebasa o cuando comienza a reconocer que ya no disfruta nada de lo que antes disfrutaba, lo último que necesita es más culpa. Necesita que alguien le pregunte qué está pasando, que alguien le ayude a entender que no tiene que resolverlo todo sola.
Cuidar la salud mental de una mujer durante el embarazo y el post parto no debería ser un tema secundario. Reconocer los cambios emocionales, escuchar las señales de alerta y buscar apoyo oportunamente puede hacer una gran diferencia.
Pedir ayuda no significa que una mujer esté fallando como madre, es justamente lo contrario, reconocer que no estás bien y buscar apoyo también es una forma de cuidar a quienes amas.
Este septiembre, cuando hablemos de salud mental, recordemos también a esas mujeres que están esperando un bebé, las que acaban de convertirse en madres y a las que llevan meses o incluso años intentando recuperar una versión de sí mismas que sienten que perdieron en el camino.
Cuidar a una mamá también es cuidar a sus hijos, una madre que se siente acompañada, y que puede hablar de lo que siente tiene menos necesidad de esconderse detrás de un “estoy bien”.
Recordemos que antes, durante y después del embarazo hay una pregunta que deberíamos hacer mucho más seguido: ¿Cómo estás?, no preguntarla por compromiso, no conformarnos con un “bien” cuando tal vez esa mujer lleva tiempo intentando convencerse de que lo está.
Hay que estar preparados para escuchar, porque, a veces, una mamá no necesita que le recuerden que debe ser fuerte, necesita que alguien se dé cuenta de que ya no puede más.














































