Hay meses que llegan acompañados de una fecha en el calendario y otros que nos invitan a detenernos un momento. Septiembre puede ser ambas cosas: un mes para poner sobre la mesa la importancia de cuidar nuestra salud mental y particularmente, para recordar el 10 de septiembre, Día Mundial para la Prevención del Suicidio.
Hablar de salud mental entre las juventudes no debería ser un tema reservado para una campaña, una efeméride o una publicación en redes sociales. Es una conversación que necesitamos mantener durante todo el año, porque detrás de cada joven hay preocupaciones que no siempre son visibles como la presión de la escuela, las expectativas familiares, la incertidumbre sobre el futuro, los problemas económicos, las relaciones personales o simplemente el cansancio de intentar cumplir con todo al mismo tiempo.
Y quizá uno de los mayores problemas no sea solamente sentirnos mal, sino pensar que tenemos que resolverlo solos.
Todavía existen prejuicios alrededor de pedir ayuda. Hay quienes creen que acudir con un psicólogo significa “estar mal de la cabeza” o “loco”, que hablar de lo que sentimos es una muestra de debilidad o que debemos aguantar porque “todos tenemos problemas”. Pero pedir ayuda no nos hace menos fuertes. Al contrario, reconocer que necesitamos acompañamiento requiere valentía.
Por eso, cuando hablamos del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, también tenemos que hablar de prevención mucho antes de que una persona llegue a una situación de crisis. Prevenir significa construir entornos donde los jóvenes puedan expresar lo que sienten, ser escuchados sin ser juzgados y encontrar atención profesional cuando la necesiten.
También significa que como sociedad aprendamos a mirar más allá de las apariencias. El joven que ríe, estudia, trabaja, sale con sus amigos o parece tenerlo todo bajo control también puede estar atravesando algo que nadie conoce.
No se trata de convertir a cada amigo, maestro o familiar en psicólogo. Se trata de aprender a escuchar, tomar en serio lo que alguien nos comparte y saber cuándo es necesario buscar apoyo profesional.
Septiembre, entonces, puede ser una oportunidad para cambiar una idea, cuidar nuestra salud mental no debería ser una reacción ante una crisis, sino parte de nuestra forma de cuidar nuestra vida.
Las juventudes no necesitamos que nos digan simplemente que “todo estará bien”. Necesitamos espacios donde podamos decir que no estamos bien y encontrar quién nos acompañe a estarlo.
Porque hablar importa. Escuchar importa. Pedir ayuda importa.
Y, sobre todo, hacer que pedir ayuda sea cada vez más fácil también es una forma de prevención.














































