En tiempos donde la violencia, los robos y distintos hechos delictivos ocupan los titulares, es común buscar responsables inmediatos. Muchas veces la mirada se dirige, con justa razón, hacia el gobierno y las autoridades, a quienes se les exige actuar, prevenir y garantizar seguridad. Y sí, un buen gobierno y una autoridad eficaz son indispensables para cualquier sociedad que aspire a vivir en orden y paz.

Sin embargo, no todo puede ni debe recaer únicamente en las instituciones. Como sociedad también tenemos una responsabilidad que pocas veces estamos dispuestos a asumir: la formación de valores desde el hogar. Nada de lo que hoy reclamamos sería necesario si desde las familias se inculcaran principios básicos como el respeto, la honestidad, la empatía y la responsabilidad a las nuevas generaciones.

Es válido señalar cuando el gobierno falla, y lamentablemente esas fallas son constantes y ya casi normales. Pero también es justo reconocer que como padres, madres y ciudadanos, muchas veces fallamos. Preguntémonos con honestidad: ¿hablamos con nuestros hijos cuando regresamos a casa?, ¿sabemos cómo les fue en la escuela?, ¿si sufren acoso?, ¿si atraviesan algún problema?, ¿nos tomamos el tiempo de asistir a sus eventos escolares o de apoyarlos en actividades extraescolares?

Es cierto que la vida actual es acelerada, que el trabajo y las obligaciones diarias consumen gran parte del tiempo. Pero también es verdad que, cuando se quiere, se puede. No se trata de pasar todo el día con los hijos, porque las responsabilidades existen y la familia necesita salir adelante. Se trata de dedicar tiempo de calidad, de escuchar, de acompañar y de dar el ejemplo.

Una sociedad más segura y más justa no se construye solo con patrullas, leyes o discursos. Se construye desde la sala de una casa, desde una conversación, desde un padre o una madre que se involucra. Si queremos exigir mejores gobiernos, primero debemos aspirar a ser mejores familias. Solo así podremos formar generaciones más conscientes, responsables y capaces de vivir en armonía.

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