Hace algunos años, cuando impartía la clase de Problemática Contemporánea del Mundo para los estudiantes de la Licenciatura en Comunicación, analizamos las historias contenidas en el libro “Nacer mujer en China. Las voces silenciadas” (2002) de la autora Xinran Xue.
Xinran Xue era presentadora de un influyente programa radiofónico chino cuando en 1989 recibió una carta angustiosa: una niña había sido secuestrada y forzada a casarse con un anciano que desde entonces la mantenía encadenada. Los hierros estaban lacerándole la cintura y se temía por su vida. Xinran obtuvo la liberación de la víctima, pero se percató de que un silencio histórico imperaba sobre la situación de las mujeres en su nación. Decidió difundir las historias de oyentes que cada noche llamaban a su programa. Esta iniciativa inédita tuvo por respuesta miles de cartas con increíbles relatos personales y convirtió a Xinran en una celebridad. Entre los numerosos testimonios que escuchó y dio a conocer, seleccionó quince para que integraran este libro. Nacer mujer en China es un relato colectivo revelador acerca de los deseos, los sufrimientos y los sueños de muchas mujeres que hasta ahora no habían encontrado expresión pública.
Xinran Xue nació en China en 1958. Su primer recuerdo es el de la Guardia Roja incendiando la casa de sus padres en los inicios de la Revolución Cultural. Fue «reeducada» en un colegio para despojarla de todo vestigio contrarrevolucionario. Estudió relaciones internacionales e informática en el ejército. Durante varios años condujo el influyente programa radiofónico «Palabras en la brisa nocturna», que difundía testimonios sobre la vida de las mujeres en la China moderna y que dio origen al presente volumen. En 1997 abandonó su país y se trasladó a Londres.
De acuerdo con Google, la distancia aérea directa entre Chihuahua, México, y China es de aproximadamente 11,200 a 11,600 kilómetros (alrededor de 7,000 a 7,200 millas), dependiendo de la ciudad específica en China (como Pekín o Shanghai). Los vuelos suelen durar más de 20 horas debido a las escalas necesarias. Geográficamente estamos muy lejos, pero estas historias no solamente las han vivido mujeres del lejano país oriental, sino mujeres de nuestro país y de todo el mundo.
Y justo ahora que iniciamos el mes de marzo, se empiezan a visibilizar estas y otras historias de la opresión del género femenino y de la evolución que nuestro rol ha estado teniendo a lo largo de las últimas décadas. Si bien no se puede hablar de una completa equidad, al menos en nuestra región sí hemos tenido algo (o mucho, depende de la perspectiva) avance. También podemos ver el lado tergiversado del 8M cuando se llega al punto de vandalizar o usar la violencia para “visibilizar”; con el respeto que tu lector/lectora me mereces, no estoy de acuerdo cuando se llega a esos extremos.
Siempre me he sentido muy orgullosa de ser mujer, de la feminidad que en mi habita, de mi liderazgo, del peso y responsabilidad que implica el que se me tome como referencia o ejemplo de mujer exitosa. Soy consciente que físicamente hombres y mujeres nunca seremos iguales y que, culturalmente aún hay una brecha abismal entre lo que realizan los buenos varones y las actividades que hacemos nosotras, las santas mujeres. En este periodo actual de mi vida en que soy madre, dirijo una escuela y llevo el peso de mi hogar, he experimentado el cansancio y frustración que el empoderamiento femenino ha traído como consecuencia. No tengo la intensión que mi colaboración de esta semana se lea como una queja; más bien quiero invitar a la reflexión acerca de cómo el que las mujeres avancemos social, cultural, profesional o económicamente; y que se nos considere exitosas ha hecho también que vayamos caminando por la vida con el peso de la responsabilidad sobre nuestros hombros y, en algunos casos como el mío, que no tengamos con quién equilibrar ese peso.
Así que el día de hoy dejo esta colaboración como parte de la sensibilización por el 8M y me gustaría leer sus opiniones al respecto.









































