Son las 20:45hr, estoy inusualmente atareado y muy retrasado en mi escritura, lector desconocido, por primera vez no se por donde empezar, he pensado mucho en para quien se escribe, ¿Quién está del otro lado?, ¿quién me lee?, ¿Vale la pena intentar contar algo?, ¿Lo que sea?, siempre vale la pena, lector. Como otras veces fui a los poetas, ellos siempre saben, hoy a Rubén Bonifaz Nuño, (1923-2013) a quien ya hemos citado, leído y releído, desconocido lector. Mira lo que encontré, lee lo que te traje hoy desde la extraña posibilidad de mi memoria:
Para los que llegan a las fiestas
ávidos de tiernas compañías,
y encuentran parejas impenetrables
¿Será para ellos? Los que llegan a las fiestas,
para los que miran desde afuera,
de noche, las casas iluminadas,
¿Para quién escribimos cuando escribimos? Nuño se pregunta en la antología, “De otro modo lo mismo”, primera reimpresión 1986, editorial FCE, colección letras mexicanas. Página 140, de “Los demonios y los días”, 1956,
para los que quieren mover el mundo
con su corazón solitario
preguntas y más preguntas, la suma de posibles desconocidos lectores, se escribe para ellos, querido cada vez menos desconocido lector, desde aquí te escribo, te nombro en tus posibilidades, te muestro textos, poemas incompletos, con la esperanza de que te acerques un poco a la poesía, veas entre las palaras las otras palabras que no están allí, que te preguntes como yo, para quien se escribe, si vale el esfuerzo de ordenar ideas, imágenes, pequeñas formas del lenguaje que dice sin decir, que llaman sin llamar, y querido lector, saben algunas de tus incomodidades, que yo hasta ahora no puedo si no a penas intuir. Estamos en las formas de la lectura que hacemos en ellas, no decimos en silencio, las cosas que nadie nos dice y que algunas veces tampoco queremos decirnos. Página 141,
para los pisan sus fracasos y siguen;
para los que sufren a conciencia
porque no serán consolados,
los que no tendrán, los que pueden escucharme;
para los que están armados, escribo.
Ojalá desconocido lector, tú y yo estemos armados con muchas palabras, seamos escuchados, aunque nadie nos consuele, y cada quien, de su lado, sigamos moviendo al mundo, ávidos de compañías, haciendo de otro modo lo mismo.



