Amigo lector, ya es sábado… y usted lo sabe: es día de ver Bajo la lupa.
Pero este viernes fue especial, y quiero compartirlo con usted desde un lugar más personal, la reflexión.
Los 10 de abril son, para mí, profundamente significativos. Es una fecha que me recuerda el porqué estoy aquí, el sentido de mi existencia, y algo aún más importante, que no solo se trata de vivir, sino de sentirse vivo.
Sí, un día 10 de abril nací… hace 25 años. Y hoy inevitablemente volteo hacia atrás, no para quedarme ahí, sino para entender en qué me he convertido.
Recuerdo con nostalgia cuando era niño. Soñaba con ser soldado para defender a mi país, quería ser científico para resolver los problemas que veía, incluso imaginé ser biólogo marino por el amor que siempre he sentido por los animales y el océano, con sus colores mágicos. También quise ser doctor… y no me quedaba nada mal, me ponía la bata y el estetoscopio de mi abuelo, y me sentía casi realizado, aunque después entendí que ese no era del todo mi camino.
Cuando somos niños queremos serlo todo. Soñamos sin límites, creemos que el mundo nos espera… y que todo será sencillo. Pero la vida, con el tiempo, nos enseña que no es así.
Poco a poco, los consejos de mamá, las palabras de mi abuelo y la guía de Dios fueron marcando mi rumbo. También lo hicieron las experiencias, esas que no solo enseñan, sino que transforman.
Hoy, a mis 25 años, quiero compartirle un poema que mi abuelo me envió hace tiempo y que refleja mucho de lo que hoy siento. Es una invitación a vivir, sí, pero sobre todo a sentir la vida; a querer, a amar, a mirar más allá del presente y preguntarnos:
¿Dónde quiero estar? ¿Quién quiero ser como persona, como pareja, como amigo, como hijo… o como padre?
Pero siempre, sin olvidar lo esencial, ser agradecidos con la vida y con Dios, que es quien nos tiene aquí. Porque sí, todos tenemos un propósito… la pregunta es: ¿lo estamos buscando?
Le comparto con afecto este escrito de Rodolfo Macías López:
“Si puedes hablar con el corazón
estás dando a Dios la razón.
Si tu viaje por la vida ha tenido muchos altibajos y caídas,
viaja con la mente para que Cristo esté presente,
porque debes saber que Él es omnisciente, omnipotente y omnipresente.
Si escuchas con el alma encontrarás la calma,
porque el espíritu de Dios viene a morar en tu ser
como un lindo amanecer,
y el Señor vivirá por siempre en tu corazón.”
Este poema nos recuerda que vivir con sinceridad, fe y conciencia nos acerca a Dios. Nos invita a enfrentar las dificultades con mente y corazón en equilibrio, confiando en su presencia en todo momento. Al escuchar con el alma, encontramos paz, y entendemos que Dios habita en nosotros, guiando nuestro propósito y dándole sentido a nuestra vida. Y con esta reflexión me despido de la semana.
Le deseo un excelente fin de semana… y con gusto nos leemos el próximo viernes, aquí, en Bajo la lupa.











































