En el norte del país aprendemos pronto a no dar el agua por sentada. No porque alguien nos lo explique, sino porque su ausencia se vuelve evidente: presas bajas, ciclos agrícolas ajustados, veranos cada vez más largos. En una región desértica como la nuestra, el agua no es paisaje; es límite. Y justamente por eso, hay ecosistemas que solemos pasar por alto, aun cuando sostienen ese equilibrio frágil del que dependemos.

Cada 2 de febrero se conmemora el Día Mundial de los Humedales, una fecha para mirar con atención esos espacios donde el agua se detiene, se filtra o se almacena de manera natural. Son sistemas que regulan el ciclo del agua, amortiguan la sequía y sostienen actividades humanas y productivas, incluso en territorios áridos.

En Chihuahua existen cinco sitios designados como humedales de importancia internacional bajo la Convención Ramsar: el sitio Río San Pedro-Vado de Meoqui, los Manantiales Geotermales de Julimes, la Laguna de Babícora, los Humedales de Guachochi y la Laguna La Juanota en Balleza. Aunque la entidad es mayoritariamente árida, estos lugares confirman que el agua puede permanecer en el paisaje y sostener vida y funciones ecológicas críticas.

El Río San Pedro, además de formar parte de un sitio Ramsar, está directamente ligado al Distrito de Riego 005 y a la recarga del acuífero Meoqui-Delicias, del cual depende una parte fundamental de la producción agrícola, de tal manera que este río no solo sustenta hábitats de aves y fauna acuática, sino que también forma parte de la infraestructura hídrica sobre la cual se apoya el sistema agrícola regional, donde la gestión adecuada de sus flujos, en conjunto con las extracciones y aportes de agua subterránea y de presas, influye en la disponibilidad del recurso tanto para la producción como para los sistemas hídricos locales.

Por eso, hablar de humedales también es hablar de decisiones públicas. No solo de grandes proyectos, sino de cómo se cuida y se usa el territorio, de lo que se permite y de lo que se deja pasar, y de si se entiende el entorno como un sistema vivo o solo como espacios separados. Las decisiones cobran sentido cuando respetan los límites naturales y los integran como parte de la solución, y no cuando se les ve como un problema que hay que evadir.

Desde lo local, el reto es claro: cuidar cómo crece la ciudad, proteger las zonas sensibles y evitar prácticas que hoy pueden parecer menores, pero que con el tiempo ponen en riesgo el agua de la región. Se trata de tomar decisiones responsables que acompañen el cuidado del territorio y que ayuden a prevenir problemas mayores en el futuro, como la escasez, los conflictos por el agua y una mayor vulnerabilidad frente al clima.

Pero la responsabilidad no recae únicamente en las instituciones. En regiones como la nuestra, donde cada litro cuenta, el cuidado del agua también se construye desde las acciones individuales y colectivas: en la forma en que la usamos, en lo que llega a los arroyos y en cómo tratamos el suelo y la vegetación. Cuidar el entorno es preservar las condiciones mínimas que permiten la vida y la producción en la región.

La pregunta es incómoda, pero necesaria: ¿qué tipo de ciudad y de región estamos construyendo frente a un recurso limitado? Cuando se actúa como si el agua fuera inagotable, las consecuencias no tardan en manifestarse. En cambio, cuando se reconoce su valor, se abren posibilidades para un desarrollo más equilibrado y con mayor capacidad de permanencia.

Conmemorar el Día Mundial de los Humedales, incluso más allá del 2 de febrero, representa una oportunidad para detenernos y observar aquello que normalmente pasa desapercibido. Estos ecosistemas no son un tema ambiental aislado; forman parte de los procesos naturales que sostienen la vida diaria, la economía regional y las condiciones para el futuro.

Que esta reflexión nos invite a algo sencillo: a cuidar el agua desde donde nos toca, con información y con decisiones conscientes. Porque en el desierto, el agua no es un hecho automático; primero se comprende. Y muchas veces, lo más valioso es aquello que pasa desapercibido… hasta que empieza a faltar.

 

 

Luly González

Mujer, ciudadana y voz pública con propósito.

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