A mi Santa Rosalía le dedico mi canción,
pueblito de mis amores, muy chico de ahí salí yo…
Camargo me dio la vida, Delicias su corazón.

No es solo una frase. Es mi raíz.

Camargo, fundada en 1740 y refundada en 1792, lleva el nombre de Ignacio Camargo, insurgente de la Independencia de México. Pero más allá de los libros, esta tierra está hecha de carácter, talento y humildad. Es historia viva del sur de Chihuahua.

Orgullosamente reconocida como la Cuna de Artistas, vio nacer al muralista universal David Alfaro Siqueiros; a la voz imponente de Lucha Villa; y a la elegancia interpretativa de María Sorté. Figuras que pusieron el nombre de nuestra tierra en alto. Porque en Camargo el talento no es casualidad… es herencia.

Aquí también nació don Luis H. Álvarez, político reconocido a nivel nacional y protagonista de momentos clave en la vida democrática del país. Camargo ha dado arte, pero también ha dado liderazgo.

Es la tierra de los Mazorqueros, con una afición beisbolera que se vive con pasión. Grandes peloteros han salido de sus campos, porque aquí el béisbol no es solo deporte: es identidad.

Camargo es producción y esfuerzo. Es nuez, elote, chile y trabajo bajo el sol. Es la cercanía con la presa La Boquilla y el lago Colina, que en verano se convierten en punto de encuentro familiar y orgullo turístico del estado.

En su entrada permanece ese faro que nos guía… que nos espera cuando volvemos. Y desde Sierra Alta, donde se divisan pequeños poblados y el horizonte parece infinito, uno entiende que el origen nunca se pierde.

También de Corraleño de Juárez salieron hombres y mujeres que ayudaron a cimentar Delicias. Nuestra historia regional está entrelazada.

Pero lo más fuerte de Camargo no está solo en sus datos históricos, sino en sus recuerdos.

El parque Armendáriz. La Calle Guerrero
La casona de mi tías.
Las higueras donde jugábamos con mis primos.
Los ranchos en vacaciones, donde mi hermano y yo crecimos entre risas, tierra y libertad.

El chilito con queso.
Los almuerzos norteños.
Los elotes que saben a infancia.

Camargo conserva esa calidez que se siente en la mirada de su gente. Parte de mi niñez se quedó ahí… y con orgullo lo digo: parte de mi corazón también.

Esta columna se la dedico a mis familiares, a mis amigos, a mi gente.

Gracias, Camargo, por forjarme.
Gracias por enseñarme humildad.
Gracias por tu calidez.

 

 

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