Muchas veces pensamos que los cambios importantes vienen de grandes decisiones o discursos, pero la realidad es mucho más simple: todo empieza con la actitud. La forma en la que asumimos nuestro trabajo, cómo tratamos a los demás y el compromiso que ponemos en lo que hacemos, termina reflejándose en los resultados.
Cuando alguien trabaja con buena actitud y humildad, se nota. No importa si el puesto es grande o pequeño, si se trata de una oficina, una cuadrilla o un espacio público. Las cosas bien hechas hablan solas y generan un efecto positivo en quienes las disfrutan.
Un buen ejemplo de esto es lo que hoy se puede ver en el Parque Fundadores. El mantenimiento salta a la vista: árboles recién plantados y con riego, iluminación nueva, pasto bien cortado. Sí, todavía hay pendientes, como los andadores que están muy maltratados y actualmente el tema de iluminación es importante que se apuren, ya que aún existen zonas muy oscuras, pero aún así pero el cambio es evidente.
Detrás está Charly Herrera, un tipo serio, grandote, quizá de gesto duro, pero con una actitud que ya quisiéramos muchos. No se trata de política ni de aplausos al gobierno, se trata de algo básico: hacer el trabajo con gusto y con sentido de servicio.
Cuando una persona disfruta lo que hace y entiende que su labor impacta a otros, el resultado se siente. Da gusto ir al parque a correr, a caminar o simplemente a pasar el rato. El espacio invita, motiva y hasta provoca que uno mismo lo cuide.
Por eso vale la pena preguntarnos:
¿qué pasaría si en cada área de trabajo hubiera personas con esa actitud? Seguramente nuestras ciudades, nuestros espacios y nuestra convivencia serían muy distintas.
Este no es un reconocimiento oficial, es solo una reflexión sencilla. La actitud lo es todo: trabajar con humildad, hacer bien las cosas y tratar a los demás como nos gustaría que nos trataran, siempre con una sonrisa. Tal vez ahí esté la clave para construir una mejor sociedad, desde lo cotidiano y sin tanto ruido.







































