Ya es viernes, amigo lector, y como es tradición, los viernes son de Bajo la lupa, sí o sí, aquí en su periódico favorito. Y en esta ocasión no quiero hablar de política. Hoy vengo a compartirle una reflexión que nace desde lo más profundo del corazón.

Hace cuatro meses partió de este mundo un hombre cuyos valores y educación lo hacían destacar. Ginecólogo de profesión, beisbolista de nacimiento; el mejor en ambas disciplinas. Su nombre, Rodolfo Macías López, mi abuelo, y la principal figura paterna en mi vida, quien fue un pilar en mi desarrollo personal y también académico.

Quienes han perdido a un ser querido tan cercano saben lo difícil que es aprender a vivir con esta nueva realidad. Pero ha sido precisamente esa ausencia la que me ha obligado a sumergirme en fotos, videos, mensajes, incluso correos que compartí con él. Al final, todos terminan siendo recuerdos que alegran el alma y fortalecen en los momentos más difíciles.

Hace un par de días, mientras buscaba unas fotografías en nuestra conversación, me encontré con un mensaje que, en uno de sus fragmentos, decía:

“Guía tus pasos sabiamente como los viejos gladiadores o los brillantes paladines que nos dieron ejemplo de su gallardía innata.
No te dejes atrapar por el monstruo de la ENVIDIA; el hombre que se deja atrapar pierde el sabor dulce de la FELICIDAD.
Lleva inmaculado el apellido que te legó, para que cuando yo sea nada más que un trozo de mármol y una fecha, quizá tus ojos, cansados de luchar con dignidad, me regalen una lágrima, para quien quiso hacer de ti un hombre respetuoso de sus semejantes y un buen patriota.

Tu abuelo: Rudy
25 de mayo de 2024”

Una lágrima y una sonrisa acompañaron mi rostro. Ese mensaje que alguna vez leí y respondí en vida, multiplicó su valor y terminé de entender su verdadero significado que, en el fondo, es una invitación a caminar la vida con prudencia y carácter, tomando como ejemplo a quienes supieron vivir con honor y valentía. Un recordatorio de que el verdadero combate no siempre está afuera, sino dentro de uno mismo, y que hay enemigos silenciosos (como la envidia) que, si se les da entrada, terminan robándonos la paz y el disfrute de lo que somos y tenemos.

Y finalmente, hablamos sobre el legado. De vivir de tal forma que, cuando quienes amamos ya no estén, su recuerdo no pese, sino que acompañe; que al mirar atrás podamos hacerlo con orgullo, sabiendo que intentaron formarnos como personas íntegras, respetuosas de los demás y comprometidas con su entorno y su país.

Con mucho orgullo puedo decir que aprendimos bien y aprendimos del mejor. Si les contara todo lo que me enseñó este gran hombre, no me alcanzarían las palabras. Amigo lector, lejos de cuestionarlo, es aquí donde lo invito a crear recuerdos, lazos, pláticas y momentos con sus seres queridos. Porque el día que dejen este mundo, estoy más que seguro de que encontrará en ellos un consejo, una herramienta para la vida o, simplemente, esa sonrisa que quizá le hacía falta en su día.

Nos leemos con gusto la próxima semana con temas que le van a interesar, aquí mismo, en Bajo la lupa.

 

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