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Las ciudades también se diseñan con voz de mujer

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Cuando pensamos en una ciudad, solemos mirar sus calles, parques, viviendas, redes de agua, transporte o la tecnología que facilita los servicios. Pocas veces nos detenemos a pensar quién imaginó esos espacios, quién tomó las decisiones técnicas y quién participó en la definición de la forma en que miles de personas se moverán, vivirán y trabajarán.

Cada 23 de junio se conmemora el Día Internacional de la Mujer en la Ingeniería, una fecha que reconoce a quienes han abierto camino en áreas donde, durante mucho tiempo, la presencia femenina fue menor. También es una oportunidad para revisar cuánto falta por avanzar.

De acuerdo con el Instituto Mexicano para la Competitividad, en el ciclo escolar 2024-2025 las mujeres representaron el 54 por ciento de la matrícula universitaria en México. Sin embargo, su participación fue de apenas 32 por ciento en ingeniería, manufactura y construcción, y de 24 por ciento en tecnologías de la información.

Esta diferencia no se explica por falta de capacidad o talento. Muchas veces comienza antes de elegir una carrera: en los mensajes que reciben las niñas, los ejemplos profesionales que conocen y las expectativas que otros construyen para ellas.

Decirle a una niña que las matemáticas son demasiado difíciles, que ciertas profesiones “son para hombres” o que tendrá menos oportunidades en un campo técnico puede parecer un comentario sin importancia. No lo es. Las decisiones vocacionales también se forman con palabras, referentes y oportunidades. Cuando una joven conoce a una ingeniera, arquitecta, programadora o especialista en movilidad, descubre que ese espacio también puede ser suyo.

La ingeniería no se limita a planos, cálculos o grandes obras. Está presente en el agua que llega a una vivienda, en la seguridad de una calle, en la sincronización de un semáforo, en la conectividad, en la producción de alimentos y en la capacidad de una región para resolver sus desafíos.

En nuestra región, las posibilidades son amplias. La infraestructura urbana, la industria agroalimentaria, la tecnificación agrícola, el uso eficiente del agua, la movilidad, la energía y la innovación digital necesitan nuevas generaciones de profesionistas. El futuro económico dependerá, en buena medida, de la preparación del talento local y de nuestra capacidad para aprovecharlo sin excluir a nadie.

Aumentar la presencia de mujeres en estas áreas es un asunto de igualdad, pero también una decisión estratégica para las ciudades. Una mesa integrada por personas con experiencias distintas puede advertir necesidades que antes no se habían considerado. El diseño de una parada de transporte, la iluminación de un espacio público, la continuidad de una banqueta o la seguridad de un trayecto escolar pueden mejorar cuando se escuchan más puntos de vista.

Esto no significa que las mujeres deban concentrarse únicamente en asuntos relacionados con ellas. Su participación debe ser habitual en obra pública, agua, energía, tecnología, industria, producción agroalimentaria, datos, movilidad, investigación y planeación; no como una concesión, sino como parte natural del talento profesional de una comunidad.

La tarea comienza en casa, continúa en las escuelas y necesita el respaldo de universidades, empresas, colegios de profesionistas e instituciones públicas. Hacen falta orientación vocacional, mentorías, espacios de práctica, oportunidades laborales y referentes cercanos. También es necesario reconocer a quienes ya están abriendo camino y facilitar su llegada a los espacios donde se toman decisiones.

Las ciudades enfrentan retos complejos: la gestión del agua, el crecimiento urbano ordenado, la relación entre la ciudad y la vocación agrícola del territorio, la movilidad, la infraestructura y la innovación. Atenderlos exige conocimiento técnico, experiencia y distintos puntos de vista.

Incorporar a más mujeres en los espacios donde se diseñan, construyen, operan y transforman nuestras ciudades permite aprovechar mejor el talento de la comunidad y tomar mejores decisiones.

Las niñas y jóvenes de nuestra región deben saber que pueden diseñar una carretera, desarrollar una aplicación, dirigir una planta, mejorar un sistema de riego, crear nuevas tecnologías o participar en las decisiones que transforman su comunidad. No se trata de convencerlas de elegir una profesión determinada, sino de evitar que descarten su vocación por prejuicios ajenos.

Las ciudades del futuro no se construirán únicamente con concreto, tecnología y planos. Se construirán con talento. Y ese talento también tiene voz de mujer.

Luly González

Mujer, ciudadana y voz pública con propósito.

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