Les platicaré de Chihuahua, el Estado Grande de la República, no solo lo es por su extensión territorial, sino por la grandeza de su gente, de su historia y de su carácter. Un lugar privilegiado en el mapa de México, marcado por su cercanía con los Estados Unidos, lo que nos ha permitido forjar una identidad única y una diversidad cultural que pocos estados pueden presumir.

Aquí convergen historias y raíces de muchas partes del mundo. En nuestra tierra habitan gringos, chinos, alemanes, españoles y hasta rusos, quienes encontraron en Chihuahua un hogar, una oportunidad y un futuro. Esa mezcla de culturas no nos divide; al contrario, nos fortalece y nos define.

Somos tierra de contrastes. De climas extremos que ponen a prueba el carácter: inviernos que calan hasta los huesos y veranos que exigen respeto. Pasamos del frío intenso al calor abrasador, como reflejo del temple de nuestra gente, que sabe resistir, adaptarse y salir adelante.

Nuestros bosques, sierras, lagos y desiertos dibujan una geografía impresionante, distinta no solo a otros estados, sino incluso a la de muchos países. Chihuahua no se parece a nadie porque no necesita hacerlo. Aquí cada región tiene su propia voz, su propia esencia y su manera de ver la vida.

Y cuando hablamos de historia, Rosales, Chihuahua, ocupa un lugar especial. Podemos presumir que el presidente Benito Juárez llegó a hospedarse ahí durante algunos días, disfrutando del pueblo rosalense y de la calidez de su gente. Tanto fue su aprecio, que hasta le dedicaron una canción que con el paso del tiempo se volvió tradicional y muy conocida: Las Escobitas, también llamada La Segunda de Rosales, una de sus preferidas. Me imagino a Juárez, en aquellos tiempos, disfrutando de la de la región y de la tranquilidad de ese rincón chihuahuense.

Hoy en día, Rosales sigue siendo pieza clave para el desarrollo del estado. Ahí se encuentra una de las presas más importantes de Chihuahua: la presa Francisco I. Madero, mejor conocida como Las Vírgenes. El agua que ahí se almacena es esencial para la principal fuente de ingresos de la región: la agricultura, motor económico y orgullo de quienes trabajan la tierra de sol a sol.

Pero Rosales no es solo historia y trabajo; también es naturaleza viva. En este rincón del estado encontrarás cerros ideales para practicar senderismo o hiking, con paisajes impresionantes y amaneceres espectaculares, dignos de fotografía, de postales y de momentos que se quedan grabados para siempre.

A esto se suma el sabor y la convivencia. Rosales cuenta con algunos de los restaurantes más conocidos de la región, donde el platillo principal es toda una tradición: pescado frito, papitas con ajo y el famosísimo caldo de oso o caldo de pescado. Si no lo has probado, te invito a que lo hagas; verás que más de una vez regresarás a esta región.

Para muchos, Rosales es sinónimo de reunión familiar o de encuentros entre amigos cada fin de semana. Es pesca, paseo en catamarán, en lancha y últimamente en los RZR, sin olvidar la hielera, las risas y las pláticas que se alargan hasta que cae el sol.

Así que cuando vengas a chihuahua , te invito a que conozcas Rosales, donde también podrás visitar su plaza, su iglesia con el toque antiguo lleno de historia y caminar por un pueblo lleno de tradición. Rosales, Chihuahua, originalmente la Villa de Santa Cruz de Tapacolmes, cumple en 2026, 312 años, y sigue más vivo que nunca.

Y ya lo sabes: en mi próxima columna te invito a que me escribas y me digas qué municipio quieres que recorramos juntos, para seguir mostrando lo mejor Del Norte.

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