Hoy desperté desorientado, sin oriente, no es que no sepa donde esta el norte o el sur, amanecí en la carretera Chihuahua a Delicias, pensando en “Kioto” y en Chieko, me pregunte si era feliz, si tener sentimientos propios causaría muchos problemas, entonces los reprimes, volví a pensar, en las montañas se asomaba amenazador el sol, y si querido desconocido lector, estoy parafraseando a YasunariKawabata, particularmente la traducción al español de Mirta Rosenberg, editorial emecé, me llego de golpe la maravillosa narrativa de Kawabata, bella como las violetas, la historia de Chieko, en los kimonos, en la belleza, esta belleza la de las montañas en ambos lados de la carretera, entonces vi las líneas blancas como trazos de pincel, ya no punteadas, sino caprichosas, pinceladas en el centro de una tira de telaoscura, el camino se llenó de arces, de cedros, me llené de capullos de cerezos nocturnos, entonces querido lector, encontré el oriente, mi oriente, el de Yasunari, lloré, cuando en la primera curva aprecio un puente y la carretera tomó su turno, con fuerza me obligo a poner atención en el manejo; baje el tapa sol del automóvil para evitar el deslumbramiento, respiré hondo, encendí la radio y volví de la misma manera que me fui a mi camino. La ciudad estaba como debía de estar, todavía sumida en el silencio del sueño.
Así querido lector empezó mi extraño día, entre otras cosas la abstracción que me causa manejar en la carretera Delicias-Chihuahua, me distraigo pensando en lecturas, en problemas personales, en personas, en posibles poemas, me extravío, pierdo el oriente, no el rumbo, el oriente. La memoria juega conmigo, y ahora querido ignoto lector, contigo, me gusta acercarte a mi pensamiento, a mis lecturas y buscar provocar curiosidad en ti. Seguramente no lo he logrado hasta aquí, aunque te diga que mi novela preferida de Kawabata es “Lo bello y lo triste”, que fue publicada en español el mismo año en que yo nací, además que Yasunari ganó el premio Novel de literatura en 1968, lo que me marco saber que los cerezos en flor son bellos, y que si llueve y la fuerza del agua desprende las flores, en el piso, entre los charcos que ha dejado la lluvia no han perdido su dignidad. Desconocido lector, como podría yo desde aquí, hacer que busques estas lecturas, que te llenes del oriente, de la belleza, de lo triste, de Kioto, antigua capital de Japón, que no tengas que moverte de tu lugar de lectura, que desde allí logres lo que yo, estar sin estar, caminar sin caminar, y así ver las violetas, los árboles florecidos, a ellas las flores en el piso con agua de lluvia, dignas como princesas o ejércitos de pequeñas geishas caminando hacia el atardecer en las montañas más cercanas a tu ventana o a la pared de tu habitación, cualquier tarde de invierno como hoy.











































