Hoy todo el mundo habla de la importancia de tener una red de apoyo, nos lo repiten como un consejo, como solución efectiva, casi como un requisito para maternar bien. Pero casi nadie nos dice lo difícil que es encontrar una, y lo complejo que algunas veces puede ser usarla.
Yo tengo una red de apoyo, la he necesitado y he contado con ella muchas veces. No solo de mi lado, también la familia paterna ha estado cuando se necesita. Los abuelos, de ambos lados, aparecen, ayudan, resuelven. Y no son los únicos, también están las amigas, esas que a veces cubren, escuchan, y sostienen.
Y aun así, hay momentos en los que sientes que no alcanza, porque hay algo que no siempre queremos aceptar: tener red de apoyo no elimina la carga de ser madre. Finalmente sabemos que la responsabilidad sigue siendo de los padres, las decisiones, las consecuencias, la educación, todo eso no se delega.
Y es ahí donde empieza la parte complicada, porque a veces no es que no tengamos ayuda, es que esperamos que esa ayuda funcione exactamente como nosotros queremos.
Queremos que cuide a nuestros hijos, pero como nosotras los cuidamos. Que eduquen, pero bajo nuestras reglas, que resuelvan, pero sin equivocarse. Y eso no es pedir apoyo, eso más bien suena a control. Especialmente cuando hablamos de los abuelos.
Hemos asumido que los abuelos tienen que estar, como si fuera su responsabilidad, que a veces olvidamos algo básico: ellos ya criaron, ya cumplieron. Hoy ayudan, sí, pero no tienen la misma energía, ni el mismo tiempo, ni la obligación de hacerlo bajo nuestras condiciones. Y aun así, muchas veces esperamos que lo hagan.
Queremos que se adapten a lo que nosotros hacemos en casa, que sigan nuestras instrucciones al pie de la letra, que estén disponibles cuando a nosotros se nos complica. Y muchas veces sin preguntarnos el costo que tiene para ellos.
Tener una red de apoyo también implica algo que no siempre es cómodo o fácil: ceder. Ceder control, aceptar ayuda diferente a nuestras formas, confiar, incluso cuando no todo se hace como tú lo harías. Y no siempre estamos dispuestas a eso.
Entonces pasa algo curioso: decimos que necesitamos ayuda, pero nos cuesta recibirla si no cumple con nuestros estándares. Y en medio de todo eso, la carga sigue donde empezó: en nosotras.
No todas las mujeres tienen una red de apoyo, y eso cambia por completo la experiencia de maternar. Pero incluso cuando existe, hay una verdad que no cambia: tener más manos no significa soltar la responsabilidad.
Tal vez la conversación que falta no es solo cómo construir una red de apoyo, sino entender qué es realmente. No es alguien que cría por ti, no es alguien que decide por ti, no es alguien que lo hace a tu manera. Es alguien que acompaña, Y también es bueno preguntarnos algo más: ¿estamos buscando apoyo, o estamos buscando que alguien más cargue con lo que no queremos soltar?



