Comenzar un nuevo año es, inevitablemente, un ejercicio de reflexión. Es el momento en que se replantean propósitos, se revisan caminos y se asumen nuevos compromisos. Hoy inicio uno de ellos: este espacio de opinión que lleva por nombre Entre la Ley y la Realidad.
Soy abogado y funcionario público. Durante años he trabajado entre leyes, reglamentos y decisiones que impactan directamente en la vida de las personas, aunque muchas veces no se comprendan del todo. Con el tiempo he confirmado algo esencial: cuando lo legal se vuelve inaccesible, confuso o distante, deja de cumplir su función social y se convierte en un instrumento que pocos entienden y muchos padecen.
Esta columna nace con la intención de explicar lo complejo de forma clara, de acercar lo jurídico y lo público a cualquier lector, sin perder seriedad ni rigor. Aquí se abordarán temas legales, decisiones de gobierno, políticas públicas y asuntos de interés común, siempre con un lenguaje accesible y con el compromiso de no simplificar en exceso aquello que merece profundidad.
Pero este espacio no se construye solo desde lo profesional. También escribo como ciudadano, como padre de Javier Andrés y como alguien que, de vez en cuando, encuentra en el ciclismo una forma de pensar, de observar la ciudad y de entender el ritmo de la vida. Es desde esa combinación —la experiencia institucional y la vida cotidiana— que intento mirar la realidad con mayor sentido humano.
Entre la Ley y la Realidad será una columna abierta. Aquí habrá análisis, crítica y debate. Se señalará lo que no funciona, lo que se contradice o lo que se queda en el discurso, pero también se reconocerá cuando las cosas se hacen bien. La crítica no es un fin en sí mismo, sino una herramienta necesaria para mejorar lo público y fortalecer la vida democrática.
Este espacio no pretende imponer verdades absolutas. Al contrario, busca provocar reflexión, generar diálogo y contribuir a una ciudadanía mejor informada. Los temas serán diversos, porque la realidad también lo es: lo local, lo estatal, lo nacional y aquello que, aunque parezca lejano, termina influyendo en nuestra vida diaria.
Iniciar esta columna el primer día de 2026 representa un reto que asumo con responsabilidad, apertura y convicción. La ley no está peleada con la claridad, ni la formalidad con la cercanía. Ojalá este espacio ayude a entender mejor lo que ocurre a nuestro alrededor y a no perder de vista que, entre lo que la ley dice y lo que realmente vivimos, siempre hay una realidad que merece ser analizada, cuestionada y contada.






































