Hace apenas unos días, el “diputado federal” de Morena, Luigi Lombardi, mejor conocido en el mundo del espectáculo como Sergio Mayer, solicitó licencia por tiempo indefinido a su cargo en el Congreso. ¿La razón? Volver a participar en el reality show La Casa de los Famosos, transmitido por Telemundo. Sí, leyó usted bien. De la Casa del Pueblo… a la Casa de los Famosos.
El actor y ahora legislador no resistió el reflector. Decidió dejar temporalmente y por tiempo indefinido, la representación popular para regresar al espectáculo que paraliza pantallas. Aquella misma representación que defendió cuando fue cuestionado por aspirar a una diputación. Aquella responsabilidad que, según él, asumía con compromiso y convicción.
Las “consecuencias” no tardaron en llegarle. La Comisión Nacional de Honestidad y Justicia de Morena anunció la apertura de un expediente y la suspensión de sus derechos partidarios por “incumplir con sus obligaciones como protagonista del cambio verdadero”. Según el órgano interno, la decisión generó un impacto negativo en la imagen del partido y sembró dudas sobre la coherencia entre principios y conducta.
Y aquí es donde vemos Bajo la Lupa. ¿Desde cuándo la llamada “4T” se preocupa por la coherencia entre principios y acciones? ¿Desde cuándo Morena se fija en el actuar de sus políticos?
Porque si hablamos de coherencia, habría que mirar más allá de un reality show.
¿Qué hay de los señalamientos que rodean a Marina del Pilar en Baja California?
¿Qué pasa con los constantes cuestionamientos hacia los hijos del expresidente Andrés Manuel López Obrador? ¿Y los escándalos de corrupción que han alcanzado a la alcaldesa Abelina López de Acapulco? ¿O los señalamientos que han salpicado a Adán Augusto López?
Si la Comisión habla de honestidad y justicia, entonces la vara debería ser pareja.
Si la preocupación es la imagen, el expediente tendría que ser mucho más amplio.
Porque lo verdaderamente preocupante no es que un diputado se vaya a un reality. Lo preocupante es que la política se haya convertido en espectáculo… y el espectáculo en estrategia.
No sería extraño que esta sanción termine siendo otro montaje para simular rigor interno. Morena domina la narrativa mediática; el distractor es parte del libreto. Ya lo hemos visto antes.
Aquí quiero ser claro, en México caben todas las ideologías como Morena. Pero el problema no es la pluralidad política. El problema surge cuando un partido se convierte en un régimen protector de impunidades, cuando la lealtad partidaria pesa más que la ley, cuando el discurso de transformación termina justificando corrupción. Ese es el verdadero deterioro, por eso la ciudadanía ha perdido confianza, por eso la credibilidad en los servidores públicos está fracturada.
Y lo he dicho siempre, los servidores públicos estamos para servir, no para servirnos.
Hoy más que nunca necesitamos analizar, cuestionar y observar con criterio. No dejarnos seducir por discursos cómodos ni por promesas de “transformación”. Porque cuando la política se convierte en espectáculo, la democracia se vuelve audiencia. Y eso, estimado lector, es precisamente lo que debemos mirar Bajo la Lupa.
Nos leemos con gusto el próximo viernes aquí en su columna favorita, donde hablamos de los temas más importantes de la política.










































