Generalmente en este espacio hablo de emprendimiento, liderazgo, disciplina y crecimiento. Hablo de crear oportunidades, de asumir responsabilidades y de construir propósito. Pero hoy quiero detenerme en un tema distinto. Un tema que, más que curiosidad, me genera una preocupación genuina: los therians.
El término therian se relaciona con personas que afirman identificarse espiritualmente o psicológicamente como un animal. No es un juego, no es solo una moda digital, no es simplemente usar orejas o colas como accesorio. Para algunos, es una vivencia profunda de identidad.
Y aquí es donde quiero reflexionar con responsabilidad.
Vivimos en una época donde la búsqueda de identidad se ha vuelto urgente. Jóvenes —y no tan jóvenes— intentan encontrar sentido en medio de redes sociales que amplifican todo, que validan todo y que también pueden confundir todo. Plataformas como TikTok han convertido tendencias complejas en fenómenos virales que a veces carecen de acompañamiento emocional o psicológico.
Mi preocupación no nace desde el juicio. Nace desde la pregunta:
¿Estamos ayudando a nuestros jóvenes a construir identidad con bases sólidas o solo estamos normalizando cualquier escape emocional?
La adolescencia siempre ha sido una etapa de exploración. Pero hoy esa exploración ocurre frente a millones de espectadores. Cuando la identidad se construye sobre validación digital y no sobre autoconocimiento, el riesgo es profundo.
No se trata de burlarse.
No se trata de atacar.
Se trata de comprender qué hay detrás.
¿Hay soledad?
¿Hay necesidad de pertenencia?
¿Hay falta de orientación emocional?
Porque cuando una persona siente que no encaja como ser humano, algo en nuestro entorno está fallando.
Como líder, como formador y como alguien que cree en el desarrollo personal, me pregunto si estamos reforzando la autoestima o estamos alimentando la evasión. Si estamos enseñando a enfrentar la realidad o a refugiarnos en nuevas etiquetas.
El respeto es fundamental. Cada persona merece dignidad. Pero también necesitamos conversaciones responsables sobre salud mental, identidad y acompañamiento profesional cuando sea necesario.
Creer no significa aceptar sin cuestionar.
Creer también implica reflexionar, analizar y actuar con conciencia.
Y aquí está mi postura:
Debemos escuchar, debemos acompañar, pero también debemos educar con firmeza y amor. Porque la verdadera libertad no es perderse en una identidad fragmentada, sino encontrarse con claridad en quien uno es.
Si algo he aprendido en el emprendimiento y en la vida, es que la identidad no se inventa para escapar; se construye para crecer.
Y hoy más que nunca necesitamos jóvenes que crean en su valor como personas, no que duden de su humanidad.
Porque cuando creemos con conciencia, creamos con responsabilidad.
Creer es Crear.









































