Todos los días utilizamos soluciones que alguna vez comenzaron como una idea: un dispositivo, un proceso, una mejora en la forma de producir, movernos o comunicarnos. Pocas veces nos detenemos a pensar que detrás de muchas de ellas hubo alguien que se atrevió a cuestionar lo establecido y a proponer algo distinto. Por eso, cada 17 de febrero, el Día del Inventor Mexicano es una oportunidad para mirar la innovación no como un concepto lejano, sino como una herramienta para transformar realidades.

Conmemorar esta fecha, en honor al natalicio de Guillermo González Camarena, no significa solo recordar un logro tecnológico emblemático, sino reconocer que la capacidad de inventar es una constante en la historia del país. México ha sido, y sigue siendo, un territorio de talento creativo, científico y técnico. El reto actual no es la ausencia de ideas, sino la capacidad de convertirlas en soluciones con impacto social, económico y territorial.

Desde la perspectiva del desarrollo local, la invención y la innovación son palancas estratégicas. Ciudades intermedias como Delicias cuentan con ventajas relevantes: capital humano joven, vocación productiva, instituciones educativas y una posición estratégica dentro de la región. Aprovechar ese potencial implica construir ecosistemas de innovación, donde el conocimiento no se quede en el aula y las ideas no mueran en el intento.

Los datos nacionales muestran la importancia de este enfoque. De acuerdo con el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI), México registra cada año miles de solicitudes de patentes, modelos de utilidad y diseños industriales, lo que refleja una actividad inventiva constante, aunque aún con brechas importantes entre regiones. Por su parte, el Índice de Competitividad Urbana del IMCO ha señalado de manera reiterada que las ciudades con mejores condiciones para innovar son aquellas que logran articular educación, mercado laboral, infraestructura y gobernanza.

Aquí es donde la innovación conecta con la política pública. Apostar por la invención implica fortalecer la educación de calidad (ODS 4), particularmente en áreas científicas, técnicas y tecnológicas, fomentando el pensamiento crítico y la creatividad desde edades tempranas. No se trata únicamente de formar profesionistas, sino de formar solucionadores de problemas.

La innovación también se traduce en trabajo decente y crecimiento económico (ODS 8). Las ideas que logran escalar generan empleo, diversifican la economía local y elevan la productividad. En un contexto donde la competitividad territorial es cada vez más determinante, invertir en talento y conocimiento es invertir en bienestar a largo plazo.

De manera directa, este enfoque se vincula con el ODS 9: Industria, innovación e infraestructura. La invención requiere condiciones habilitantes: acceso a tecnología, infraestructura adecuada, financiamiento, marcos normativos claros y acompañamiento institucional. Sin estos elementos, incluso las mejores ideas corren el riesgo de quedarse en el papel.

Asimismo, la innovación tiene un impacto tangible en las ciudades y comunidades sostenibles (ODS 11). Soluciones en movilidad, gestión del agua, eficiencia energética, vivienda o servicios públicos nacen muchas veces de procesos inventivos locales que responden a problemas concretos del territorio. Innovar es, en ese sentido, una forma de hacer ciudad de manera más inteligente y equitativa.

Nada de esto ocurre de forma aislada. La experiencia demuestra que la invención florece cuando existen alianzas (ODS 17): cuando el sector público genera condiciones, la academia aporta conocimiento, el sector productivo escala soluciones y la sociedad civil participa activamente. La colaboración es el verdadero catalizador de la innovación.

En Delicias, pensar la invención desde lo local significa reconocer que el desarrollo no depende únicamente de grandes proyectos, sino de una suma de ideas bien orientadas, con impacto real en la vida cotidiana. Significa entender que la creatividad no es un lujo, sino una necesidad para enfrentar los retos económicos, sociales y urbanos que tenemos por delante.

En el marco del Día del Inventor Mexicano, el reto está en pasar del reconocimiento simbólico a la construcción de condiciones que permitan que el talento y la innovación florezcan desde lo local, impulsando una cultura que valore el talento, apueste por la educación, confíe en el conocimiento y convierta las ideas en oportunidades. Porque innovar no es solo inventar objetos; es imaginar un mejor futuro y trabajar para hacerlo posible, desde lo local y con visión compartida.

 

Luly González

Mujer, ciudadana y voz pública con propósito.

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