Abrimos el celular apenas despertamos. Revisamos mensajes, consultamos noticias, trabajamos, estudiamos, pagamos servicios, compartimos opiniones y tomamos decisiones a través de una pantalla. Internet dejó de ser una herramienta complementaria para convertirse en un espacio donde transcurre buena parte de nuestra vida social, educativa y productiva. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a cuestionar si ese entorno en el que interactuamos todos los días es realmente seguro, justo y confiable para todas las personas.

Cada 10 de febrero se pone en el centro de la conversación pública el Día Internacional de Internet Seguro, una fecha que va mucho más allá de una recomendación técnica o de una alerta momentánea. Es una invitación a reflexionar sobre el tipo de entorno digital que estamos construyendo y sobre los riesgos que implica normalizar prácticas que vulneran la privacidad, la integridad y la confianza. Hoy, hablar de Internet seguro es hablar de derechos, de corresponsabilidad social y de desarrollo sostenible.

El entorno digital ofrece oportunidades extraordinarias. Permite ampliar el acceso al conocimiento, fortalecer los procesos educativos, impulsar la innovación, fomentar la participación ciudadana y acercar servicios públicos a la población. No es casualidad que los Objetivos de Desarrollo Sostenible reconozcan el papel de la tecnología como motor de transformación. El ODS 4, al promover una educación de calidad; el ODS 9, al impulsar infraestructura e innovación responsables; el ODS 16, al fortalecer instituciones sólidas y el acceso confiable a la información; y el ODS 17, al subrayar la importancia de las alianzas, encuentran en el entorno digital un aliado estratégico, siempre que este se desarrolle bajo principios de seguridad, ética y responsabilidad.

En el ámbito local, los datos oficiales confirman que la conectividad avanza de manera acelerada. De acuerdo con el Índice de Competitividad Urbana, el 96.4% de los hogares de la zona metropolitana Delicias cuenta con líneas móviles, y la meta institucional en materia de conectividad es alcanzar una cobertura poblacional del 72%. Este avance tecnológico se da en una realidad social más amplia que también plantea desafíos: según datos del Consejo de Desarrollo Educativo del Estado de Chihuahua, la matrícula en educación básica registró una disminución del 2.1% en el último ciclo escolar, una tendencia asociada a múltiples factores y que coincide con un contexto en el que más de 43 mil niñas, niños y adolescentes interactúan cotidianamente en entornos digitales cada vez más complejos, lo que vuelve indispensable reforzar la educación, la prevención y la corresponsabilidad en el uso seguro de Internet.

No obstante, el otro rostro de la conectividad también exige atención. La desinformación que circula con rapidez, el ciberacoso que impacta la salud emocional especialmente de niñas, niños y adolescentes, el uso indebido de datos personales, los fraudes digitales y los delitos cibernéticos son riesgos reales que no pueden minimizarse. Cuando el acceso a Internet no va acompañado de educación digital, regulación y mecanismos de prevención, la tecnología deja de ser una herramienta de inclusión y se convierte en un factor que amplía desigualdades y genera desconfianza.

En este contexto, el Internet seguro no puede entenderse como una responsabilidad individual aislada. Implica un compromiso compartido entre familias, instituciones educativas, empresas tecnológicas, sociedad civil y gobiernos, que deben asumir un papel activo en la formación de ciudadanía digital, en la protección de datos personales y en la creación de entornos virtuales confiables. La seguridad digital forma parte hoy de la seguridad social, educativa y democrática.

Un Internet seguro fortalece la confianza, protege derechos y permite que la innovación tenga un impacto positivo y sostenible. Pero ese entorno no surge de manera espontánea: requiere decisiones públicas informadas, educación permanente, reglas claras y una visión que coloque a las personas en el centro del desarrollo tecnológico.

El Día Internacional de Internet Seguro nos coloca frente a una responsabilidad colectiva como sociedad digital y nos obliga a ir más allá de una reflexión. Nos recuerda que la tecnología no es neutral ni automática, y que cada decisión desde cómo informamos, educamos y regulamos, hasta cómo participamos y convivimos en los entornos digitales construye o debilita la confianza social. Porque estar conectados no debería significar estar expuestos, y porque el verdadero progreso digital no se mide por la velocidad de la red ni por la cantidad de usuarios, sino por la capacidad de proteger la dignidad, los derechos y la seguridad de las personas.

Luly González

Mujer, ciudadana y voz pública con propósito.

Autor

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here